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Categoría: CONFLICTO AGRARIO

Posición ante el conflicto agropecuario

etnologia 09/04/2008 @ 17:43

REBANADAS DE REALIDAD

 http://www.rebanadasderealidad.com.ar/coria-08-002.htm

AGRUPACION DE INGENIEROS AGRONOMOS "MANUEL BELGRANO" DEL COMAHUE - ARGENTINA

 

Por Armando Lauretti (*)

Rebanadas de Realidad - Neuquén, 09/04/08.- El sector agro exportador radicado en nuestra Patria, en especial en la zona pampeana pero también en las regiones del interior, se ha desarrollado en los últimos años en una bonanza inédita.

Prueba de ello son el aumento del valor de la tierra, el aumento del valor de las propiedades urbanas, las ingentes inversiones en maquinaria agrícola (en la ultima Expoagro se vendieron 600 millones) la proliferación de vehículos nuevos de alta potencia(4x4), el éxodo de pequeños y medianos productores transformados en rentistas a los barrios de clase media de las ciudades medianas y grandes, bonanza acompañada por el éxodo de miles de trabajadores a los cinturones de pobreza de las grandes ciudades y lo más significativo:

Concentración y extranjerización

Sin embargo la Sociedad Rural, CRA y Carbap, los privilegiados históricos en una Nación llena de pobres y marginados, nos cortan las rutas y nos dejan sin alimentos porque "el estado les cobra demasiados impuestos". Los acompañan Coninagro y la Federación Agraria Argentina, ésta, nacida en 1912s en contra de la Sociedad Rural, dueña de la tierra que le cobraba arrendamientos exagerados o le imponía aparcerías leoninas, ahora devenida en defensora de los pequeños y medianos rentistas de la soja, se asocia a esa "sociedad rural".

En nuestra región, los intereses de las exportadoras también reclaman por el excesivo impuesto del 10 % y los acompaña un sector de productores que son funcionales a los intereses de los dueños del negocio y de la tierra (el 4 % de los titulares tiene el 44 % de la tierra bajo riego en la provincia de Rio Negro). Como si los exportadores fueran a compartir con ellos las mayores ganancias de una eventual rebaja de los impuestos.

Ante estas acciones de los agro exportadores, decimos:

  • NO AL DESABASTECIMIENTO
  • NO A LA VIOLENCIA DE LOS OPULENTOS
  • NO AL LOCK OUT EMPRESARIAL
  • NO AL DESPERDICIO DE ALIMENTOS VITALES
  • POR LA DISTRIBUCION DE LA RENTA EXTRAORDINARIA
  • POR LA REDISTRIBUCION DE LA RIQUEZA
  • POR UN CAMPO SUSTENTABLE EN MANOS ARGENTINAS
  • POR EL FRENO A LA CONCENTRACION
  • POR UNA POLITICA AGRARIA NACIONAL QUE INCLUYA A TODOS LOS INTEGRANTES DE LAS CADENAS DE VALOR
  • POR LOS CIUDADANOS CONSUMIDORES ARGENTINOS EN PRIMER LUGAR Y LUEGO LOS EXTRANJEROS.
  • POR LA JUSTICIA SOCIAL

"Días extraños",

etnologia 08/04/2008 @ 22:37

Maristella Svampa

31/03/2008

(Puede encontrarse una versión más corta de este artículo en el diario
Crítica de la Argentina, 31/03/2007)
Días extraños y no menos intensos nos ha legado la última semana de
marzo. Frente a la escalada del conflicto entre el gobierno y el
campo; frente a su desborde y su pasaje a otros registros, no faltó
sector, partido, organización social, intelectual, trabajador o vecino
que no haya alzado su voz, expresando su posición al respecto. En sus
ramificaciones inesperadas, el conflicto rompió abruptamente con la
apatía de una sociedad, que sólo cinco meses antes votara en
elecciones presidenciales, luego de la campaña política más insípida
de las últimas décadas. En sus ramificaciones inesperadas, el
conflicto fue sumando niveles y proyectando otros temas, que
enrarecieron peligrosamente el clima político de esos días. Entre
tantas derivaciones, me gustaría detenerme en tres temas: la lectura
sobre los cacerolazos, la reactivación de un esquema binario de la
política, y la discusión acerca del paradigma productivo.

Los cacerolazos

¿Cómo interpretar los cacerolazos realizados a partir del martes 26,
especialmente en la ciudad de Buenos Aires? Es innegable que los
cacerolazos tuvieron un carácter de clase, pero resultaría engañoso
avalar la lectura unidimensional que hizo el gobierno. Sin ir tan
lejos, y aunque hegemonizados por las clases medias urbanas, las
cacerolas de diciembre del 2001 manifestaron el repudio de amplios
sectores sociales a la política del gobierno de entonces, y más
precisamente, se constituyeron en una expresión espontánea de repudio
al discurso autoritario y autista del presidente De la Rúa.  Esas
cacerolas de entonces, no hay que olvidarlo, estaban bastante
indeterminadas ideológicamente, por no decir cargadas de ambivalencia,
y fue solo después, con el surgimiento del movimiento asambleario, que
tomaron una dinámica política determinada. Pero, más allá de la
indeterminación ideológica, esas mismas cacerolas dejaron una marca
orgullosa en la memoria de muchos argentinos de clase media, sobre
todo porteña. Esa marca, nos guste o no, forma parte ya de la cultura
de la protesta, y puede ser reactivada ante determinados conflictos,
independientemente de sus clivajes ideológicos. La dirección que luego
adopten dependerá de la dinámica  política que se instale entre los
diversos actores en juego y el propio gobierno.
Lo cierto es que el sobretono de la presidenta, exhibido el martes 26
de marzo, despertó la indignación y la animosidad de muchos argentinos
-que probablemente no la votaron-, pero que decidieron salir a
repudiar lisa y llanamente su actitud, munidos menos de un discurso
elaborado o de una consigna definida, que de una sospecha, un
malestar, una impugnación común que nuevamente se expresó a través del
ruido ensordecedor de las cacerolas, cuando no del golpeteo furioso
propio del ahorrista estafado. Así, sería lamentable caer en la trampa
de las interpretaciones lineales, afirmando que los cacerolazos fueron
el fruto de la conspiración de golpistas trasnochados o la expresión
sin más de la defensa del "campo". Había más, mucho más, en esa suerte
de magma ideológico que tantas veces atraviesa a nuestras tumultuosas
clases medias. El gobierno debería tomar nota de ello y sumarlo al
análisis del resultado de las últimas elecciones, ya que la fórmula
del oficialismo obtuvo baja votación en aquellos distritos donde los
índices de pobreza son menores. Esto es, un porcentaje no menor de las
clases medias, cuya volatilidad política suele ser mayor que la de
otros sectores sociales, y pese al actual auge del consumo, le habrían
dado la espalda.
Por último, más allá de las "cadenas de mails" que llamaban a
manifestarse (cuya eficacia, presumo, habría que relativizar), una vez
más la espontaneidad estuvo del lado de la crítica, de la oposición, y
en ningún momento del lado del gobierno. Más aún, aquellos que
consideran las retenciones como una medida positiva (y sin duda lo es,
por encima de su carácter indiferenciado y no coparticipativo), no
encontraron ni tuvieron el espacio desde el cuál manifestar ese apoyo;
a menos que uno decidiera alinearse junto con las "masas encuadradas"
de los piqueteros K o las huestes de Moyano. Convengamos que el
rechazo a estas alternativas no tiene que ver strictu sensu con
consideraciones de tipo clasista, sino con la naturaleza misma del
vínculo que estas organizaciones mantienen con el gobierno: la
dependencia, la subalternidad, la instrumentalización.

El esquema binario

El segundo tema al cual quiero referirme es de naturaleza
histórico-política. En  estos días asistimos a la súbita reactivación
de un esquema binario de hondas raíces históricas, una matriz
dicotómica a partir del cual se pretende obtener una mirada abarcadora
y omnicomprensiva de la política argentina. Así como el cacerolazo
debe ser comprendido dentro de la memoria corta, la matriz binaria
debe entenderse en el marco de la memoria larga de los argentinos:
Civilización o Barbarie, Pueblo versus Oligarquía, Peronismo o
Antiperonismo, no hay que olvidarlo, estuvieron en otros tiempos entre
sus consignas más ilustrativas.
Como nos lo recuerda la historia argentina, dicho esquema conduce a
una peligrosa reducción de la política, reactiva los prejuicios
clasistas y racistas más elementales, desplazando al conflicto en un
registro que queda fuera de toda disputa democrática. No lo ignoraba
D´Elía cuando entró a la Plaza de Mayo para expulsar a los caceroleros
al grito de "patria sí, colonia no" o cuando habló abiertamente del
odio  a la oligarquía y el desprecio social de éstos hacia los
"negritos". Tampoco lo desconocían las señoras de Palermo o de
Recoleta, cuando hacían sonar frenéticamente su cacerola o los oyentes
que llamaban a las radios para expresar un cúmulo de invectivas
clasistas y racistas contra el peronismo. Como dijo Ionesco, acaricia
un círculo y éste se hará vicioso. Algo de este círculo vicioso fue lo
que enrareció peligrosamente el clima político de estos días. Y como
nuestra historia, además de ser trágica es, en ese sentido, rica y
colorida en hipérboles y sobreconflictualizaciones, resulta fácil caer
en la trampa del círculo.
Digámoslo de modo más riguroso: la inserción de las oposiciones en una
matriz binaria tienden a absorber, monopolizar y distorsionar las
figuras de la división: así la polarización rápida desdibuja los
matices, conspira contra el llamado a la diversidad y todo parece
reducirse a una colisión entre dos bloques monolíticos. Aclaro que
nadie sostiene que no haya antagonismos irreconciliables, pero éstos
están lejos de reflejarse en la oposición "campo/gobierno" o de
resumirse en la imagen de las dos Argentinas. En realidad, no hay una
ni dos, sino muchas Argentinas en conflicto. Pero ante la polarización
y puesta en escena de un esquema binario, como el que sobrevoló estos
últimos días, todo intento por diversificar las opciones y complejizar
los posicionamientos y antagonismos, termina por caer en saco roto. Lo
saben en carne propia aquellas izquierdas que acudieron a la plaza,
para apoyar el paro agropecuario al tiempo que exigían la reforma
agraria… No sólo los noteros televisivos, tan proclives al pensamiento
binario, los miraban como si fueran marcianos recién desembarcados;
también se ganaron la burla presidencial… Burla injusta, hay que
decirlo, pues el gobierno estuvo entre los primeros en caer entrampado
–y en promover- el círculo vicioso.
Resulta curioso que Luis D´Elía, quien fue sin duda el personaje que
enunció de la manera más simplificadora y autojustificativa el
carácter binario de la confrontación, se haya acordado recién ahora de
la reactivación de los prejuicios clasistas y racistas de una buena
parte de la sociedad argentina, si en realidad lo que él denuncia
tiene un precedente reciente, bajo  gobierno kirchnerista, quien fue
el responsable político de la demonización de las organizaciones
piqueteras disidentes. Ironías de la historia, el antiguo piquetero
devenido en "soldado" del gobierno, no hace más que probar la medicina
que el oficialismo ya utilizó para con sus hermanos de clase…

El paradigma agrario

El tercer tema se refiere, claro está, al carácter genérico de la
expresión "campo". Como se ha venido recordando en estos días, desde
mediados de los ´90, asistimos al desarrollo de nuevas tramas
productivas en el agro argentino, que modificaron bruscamente el
modelo local de organización de la producción. Este nuevo modelo, que
se caracteriza por el uso intensivo de biotecnologías, de acuerdo a
stándares internacionales (semillas transgénicas a través de la
siembra directa), colocó a la Argentina como uno de los grandes
exportadores mundiales de cultivos transgénicos. Lo cierto es que,
para muchos, su éxito inicial no sólo está relacionado con el
agotamiento del modelo anterior, sino con su capacidad "relativa" por
articular diferentes actores económicos: mientras que en el sector
semillero aparecen las grandes empresas multinacionales (como
Monsanto) y unos pocos grandes grupos económicos locales, en el
circuito de producción surgen otros actores económicos, entre ellos
los "terceristas" (los que cuentan con el equipamiento tecnológico),
los "contratistas", suerte de "productores sin tierra" (entre las
cuales se incluyen los pooles de siembra y los fondos de inversión), y
por supuesto, los pequeños y medianos propietarios, muchos de ellos
rentistas. ¿Esto significa entonces que, dada la heterogeneidad de
actores que asoman en el nuevo mapa agrario, dicho modelo tendría la
particularidad de salir de una dinámica de "ganadores y perdedores",
propia de los ´90?
Los reclamos de los pequeños y medianos productores parecieran indicar
que el modelo, tal cuál aparece hoy, está lejos de ser inclusivo. A
esto hay que añadir, los desplazamientos de campesinos e indígenas que
desde hace años se llevan a cabo en ciertas provincias situadas en la
llamada "frontera agrícola" (las áreas marginales), como Santiago del
Estero y Salta, cuyos reclamos no aparecen en la agenda de ninguna de
las organizaciones agrarias hoy movilizadas. Asimismo, no hay que ser
ambientalista para constatar que el aumento de la rentabilidad en el
cultivo de transgénicos viene acompañado del avance de la
desforestación y el monocultivo intensivo. Ello, sin contar lo que
supone la sojización del modelo productivo en términos de renuncia de
la soberanía alimentaria, o, en otro nivel, de  posibilidad de
independencia y desarrollo tecnológico, vista la tendencia a producir
sólo commodities y no productos con valor agregado.
Así, el nuevo paradigma de producción agraria está lleno de puntos
ciegos, que involucran una serie de problemáticas muy arduas y
complejas, cuya discusión y crítica todavía aparece reducida a unos
pocos especialistas, algunas organizaciones no gubernamentales y los
movimientos indígenas y campesinos. Pero el debate social sobre sus
implicaciones como vía del desarrollo, apenas está en sus inicios. Tal
vez la mentada puja entre el "campo" y el "gobierno" pueda contribuir
a generar un verdadero debate social sobre las implicaciones de un
paradigma productivo, que a no dudarlo, engloba mucho más que a los
productores agrícolas, supera la discusión acerca del tamaño de la
unidad productiva o el porcentaje de retenciones que debe cobrar el
Estado, y pone en tela de juicio la actual visión productivista y
lineal del desarrollo, que predomina tanto en el gobierno como en el
conjunto de los actores del nuevo modelo.
Un comentario final. En estos días extraños y tan intensos llegó a mis
manos un libro que acaba de editarse en Francia y conoce ya un gran
éxito de ventas. Su autora es una conocida periodista, Marie Monique
Robin y el título del mismo, El mundo según Monsanto. Libro
perturbador, si los hay: a través de una exhaustiva investigación, la
autora nos va develando minuciosamente la historia de Monsanto, la
firma más emblemática de la agroquímica mundial, a quien pertenece
nada menos que el 90% de los organismos genéticamente modificados
cultivados en el mundo, y controla por ello gran parte del paquete
agrotecnológico que, entre otros, está obligado a utilizar el llamado
"campo argentino".
La historia de Monsanto está marcada por un número importante de
errores fatales que, más allá de las condenas judiciales y del
conocimiento de su nocividad por parte de la firma, no obstaculizaron
durante un buen tiempo la difusión y venta de productos sumamente
perjudiciales para la salud de la población y del medioambiente. La
lista de estos productos es larga, y me permito por ello retomar el
resumen del prologuista del libro, Nicolás Hulot: "el PCB, que sirve
de líquido refrigerante y lubrificante y cuya nocividad es devastadora
para la salud humana y la cadena alimentaria, prohibido luego de
constatar la contaminación masiva ; la dioxina, de la cual bastan
solamente pocos gramos para envenenar toda una ciudad, y cuya
fabricación también será prohibida, desarrollado a partir de un
herbicida de la firma, que será la base del tristemente célebre Agente
Naranja, el desfoliante arrojado sobre las selvas y aldeas vietnamitas
(lo que permitirá a Monsanto obtener en el Pentágono el contrato más
grande de su historia); las hormonas de crecimiento lechero y bovino
–primer banco de ensayo de los organismos genéticamente modificados-,
cuyo objetivo es hacer producir al animal más allá de sus capacidades
naturales, más allá de las consecuencias vistas sobre la salud humana;
el herbicida Roundup, presentado como biodegradable y favorable al
ambiente, afirmación contradicha por las decisiones de la justicia en
Estados Unidos y Europa"…
Días extraños y no menos intensos… La fusión inesperada entre la
memoria larga (el esquema binario) y la memoria corta (los
cacerolazos) produjo una escalada de efectos nefastos, desdibujó los
matices y redujo peligrosamente el espacio del antagonismo. Mientras
tanto, la discusión acerca de las complejas dimensiones que hoy
recubren el concepto de "Desarrollo", tanto a nivel social, ambiental
como en términos económicos y tecnológicos, continúa siendo un tema
ausente de la agenda política.

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Por favor, si utiliza la información que se brinda en esta lista, cite la/s fuente/s. Gracias.
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El trasfondo de la pelea por la soja (el "yuyito")

etnologia 08/04/2008 @ 21:28

Cristina García. Abril 2008

Dado el nivel de confrontación que se ha vivido en el país y la simplificación de las discusiones desde el discurso del gobierno, quisiera antes que nada decir que estoy de acuerdo con la aplicación de las retenciones a las exportaciones en algunos contextos y particularmente cuando la aplicación de las mismas permite una disociación o independizan, de cierto modo, los precios del mercado interno con los del mercado internacional, especialmente cuando se trata de productos de alimentación. Pero también quisiera decir que no acepto la disyuntiva de "campo"/golpe, ni ninguna de las que se fueron armando a medida que se extendía el conflicto.

Las retenciones son solo una medida de política fiscal, en si mismas, no son ni progresistas ni regresivas, va a depender en qué se usen. Recordemos que el primero que las aplicó fue Krieger Vasena en la dictadura del Onganía y esto exime de cualquier otra explicación. Hay sí, otras herramientas de política fiscal que si son distributivas como: bajar el IVA (el más regresivo de los impuestos porque se paga igual no importa lo que se gane), aplicar impuestos a las ganancias financieras (exentas), aplicar impuestos a la herencia (anulado por Martínez de Hoz cuando tramitaba la herencia familiar y nunca repuesto por los sucesivos parlamentos democráticos).

La definición del contenido redistributivo del impuesto no está entonces en la herramienta sino en el uso que se le da a ese recurso, en el destino que se le da. Será, si se lo usa para elevar la calidad de la educación pública, o de la salud pública, o para elevar el nivel de los servicios públicos, si por ejemplo se usara para mejorar la red de transporte ferroviario. No será si se usa para acumular reservas, para financiar el tren bala, para dar subsidios a las grandes empresas.

Es interesante recordar también que es una responsabilidades de los gobiernos impulsar las condiciones de crecimiento de la economía del país, generando un marco claro de funcionamiento, definiendo prioridades, mejorando la infraestructura del país, invirtiendo en investigación, protegiendo los sectores que considere estratégicos, etc. Todo esto se traduce en las distintas medidas de política económica que, para que generen efectos reales, deberían ser parte de un plan de mediano plazo para que no se fueran solo medidas coyunturales.

Por otro lado para definir muchos de estos aspectos, el gobierno no puede actuar en soledad sino que debe interactuar con los distintos actores económicos, con los actores políticos y sociales. Esto no le quita autoridad ni implica un desconocimiento de sus atribuciones sino todo lo contrario.

Algo que hemos escuchado mucho en estos días es que Argentina vive una etapa de crecimiento sostenido (seis años consecutivos) a altas tasas, experiencia inédita en nuestra historia. Este crecimiento está basado en una coyuntura internacional caracterizada por el alto precio internacional de los productos agropecuarios e industriales El incremento de la demanda internacional de los productos agropecuarios tiene, entre una de sus causas, la incorporación al mercado de consumo de nuevos consumidores (fundamentalmente asiáticos).

Paralelamente a ello, en el país se da un incremento, también inédito, de los niveles de producción agropecuarios, especialmente agrícolas. Mejoraron entonces las exportaciones por precio y por volumen.

Históricamente como los productos exportables agrícolas son los que constituyen la base de la alimentación, se dio en el país, la tensión entre qué destinar a uno y a otro mercado, qué se debería hacer en relación al precio interno, dejarlo libre, desprenderlo del internacional y ahí el rol de las retenciones, con qué niveles de diferencia, etc. Paralelamente a estas cuestiones no menores, relacionadas con el consumo de la población, aparecía también si, estos ingresos, generados por condiciones geográficas de nuestro país (estar ubicado en una de las franjas de las tierras más fértiles del mundo) debía ser solo un beneficio para el propio sector sino que debería poder socializarse con y hacia el resto de los sectores. Por ejemplo que los impuestos que se le aplicaran al sector se destinaran a fomentar la industria, con la concepción que no solo debe hacer desarrollo en el sector primario sino que se necesita impulsar el industrial.

La historia de la política económica de nuestro país se puede leer en clave de cómo los distintos gobiernos resolvieron esta disyuntiva en relación a la producción del campo: dejar los precios libres, completamente regulados (la experiencias del IAPI), con topes a las cantidades de exportación, con la fijación de precios sostén (Junta Nacional de Carnes o Granos), con niveles de retenciones, etc...

Ahora bien, en la actualidad, se añade otra complejidad. Estas retenciones se aplicaron a un producto que no se consume internamente (la soja se exporta en un 95%). Entonces?. Un poco de historia también acá. A partir de principios de los 90, cuando se autorizó el uso de semillas transgénicas (maíz, soja), se produjo una profunda transformación del sistema productivo en el agro. No solo la misma fue ganando en superficie, sino que generó un cambio del paradigma de producción, aparecieron nuevos actores económicos, dejó de ser un sistema de "tranqueras adentro", donde el propietario era el dueño del saber y decidía en función de pocas variables sino que surgieron nuevas figuras: contratistas, semillistas, más profesionales, pool de siembra y nuevas técnicas de producción: siembra directa, utilización de otro tipo de fertilizantes, etc. Se fue separando la figura del propietario de la del productor, muchos alquilan la tierra porque para pequeñas extensiones no es sencillo, según la zona, encararlo individualmente o tienen fórmulas mixtas.

Todo esto se fue gestando durante los 90. El marco de la convertibilidad dificultaba las exportaciones pero favorecía la importación de semillas, insumos. Podría decirse que Argentina se ubicó en niveles cercanos a los procesos de innovación que se producían internacionalmente, situación esta que no es fácil de alcanzar para los países menos desarrollados. La modificación del tipo de cambio en el 2002 y la licuación de los pasivos (que no fue exclusiva para el campo), encontró al sector con una fuerte disponibilidad de capacidades y recursos para aprovechar las condiciones internacionales. El mayor impulso en este proceso viene dado por la soja, que hoy alcanza el 50% de la superficie sembrada. Este extensión se logra, en parte por reconversiones productivas (tierras que antes se destinaban a otro producto) y mucho por la extensión de la frontera productiva (tierras no cultivables que con las nuevas técnicas de producción empezaron a cultivarse).

Cuando se produce una reconversión a gran escala y que lo que antes se dedicaba a alimentos se deja de producir, pueden aparecen dos problemas: el aumento de los precios de los alimentos porque hay menos disponibilidad o el peligro de la soberanía alimentaria, es decir, que pasaría si no produjéramos suficientes alimentos, se debería importarlos y por ende, se perdería la capacidad de poder garantizar la alimentación del conjunto de la población. Acá también deberíamos complejizar esta afirmación, porque fundamentalmente se trata de garantizar el consumo de los sectores populares o de la canasta básica y no subsidiar todos, pero esto es para otra reflexión.

Ahora bien, cómo deciden cientos de miles de productores en todo el país que hacer?. Primero por lo que la tierra les permite según sus características, luego por los costos, luego por las perspectivas del precio del producto, pero también por la historia en algunos productos. Un productor lechero, o ganadero no tiene la misma libertad que un productor cerealero. Este último tiene, en general, todos los años la posibilidad de un cambio total de producción si quisiera. Un tambero no, porque tiene mucho capital invertido en instalaciones, porque tiene muchos animales que debería vender o liquidar, por temas culturales, etc. Todo esto lo que quiere mostrar que, al contrario de lo que presentó el discurso de estas semanas, no hay solo actor: "campo" sino muchos, distintos y además desiguales.

Dada esta multiplicidad de actores (distintos y desiguales), desde el gobierno, es imprescindible la generación de un marco regulatorio integral, una definición consensuada sobre qué tipo de modelo se quiere ir. Si se quiere garantizar la producción nacional de alimentos, habrá que beneficiar a los que producen alimentos, garantizarle tasas de rentabilidad acorde para que no opten cambiar de producto. Es más duradera esta postura que penalizar a los que producen otros productos. Aumentar los impuestos a un producto de manera indiscriminada no siempre tiene el efecto deseado. Podría llevar, si no se tocan las condiciones de producción de los otros productos, a que favorezca el proceso de concentración porque, con un nuevo impuesto la producción, posiblemente, solo, no se vuelva rentable para los más chicos y entonces o venden o alquilan. Un ejemplo podría ser que para una explotación pequeña, la reducción en el precio que le implica el aumento de retenciones lo vuelve inviable, pero no puede cambiar porque para producir otro producto se requiere una maquinaria que no tiene, o no puede afrontar costos mayores que porque no tiene acceso al crédito, entonces no va a cambiar soja por el otro producto sino que venderá o alquilará sus tierras.

Más que una política fiscal (e incluyo acá tanto lo referido a impuestos o retenciones como a los subsidios que se ofrecen), se necesitan instancias de regulación permanentes. Por qué no estamos escuchando hablar de Junta Nacional de Granos o de Carnes y en lugar de ello aparecen instancias de otorgamiento de subsidios?. Esto no es responsabilidad de los productores aunque, como detalle, vemos que las cuatro entidades no lo plantearon tampoco en ningún momento. No será que de los dos lados, lo que prefieren son esas mesas de dialogo "chicas" y más discrecionales?. No será por esto que por eso, era fácil percibir que lo que surgía en las rutas no era lo mismo que decían las entidades.

Este gobierno se ha caracterizado desde el 2003, que en vez de apostar a cambiar las condiciones de desarrollo de la producción (y no solo agropecuaria) prefiere poner en marcha mecanismos de subsidios y compensaciones al sector empresario. Esto puede ser visto como necesidad de actuar ante la urgencia y en un primer momento es cierto, pero cuando el mecanismo persiste en el tiempo, más bien evidencia una no voluntad de políticas de largo plazo, una preferencia por el manejo directo de los subsidios y por ende un tipo de ejercicio del poder más discrecional .

Acá surge otro tema importante cual es el proceso de crisis de representatividad en la que entraron las entidades gremiales empresarias. Las mismas (que son muchísimas) tienen incumbencias locales, regionales y nacionales pero, salvo las que surgieron en los últimos diez años, están asociadas a la figura del propietario y a una actividad específica, si produce ganado estará en la sociedad rural local y/o en la asociación de criadores respectiva, pero puede también por la producción agrícola que seguramente también realiza ser parte de una cooperativa. Un mismo propietario puede entonces pertenecer a varias entidades. A la par de la reconversión del proceso productivo que hacíamos referencia más arriba, surgieron nuevas asociaciones de productores que no se plantean un carácter gremial sino tecnológico y de apoyo al proceso productivo, que se agrupan por producto (soja, maíz, trigo) donde nuclean a los productores (ya no a los propietarios) y a los otros integrantes de la cadena como productores de insumos o que se agrupan por tipo de producción (por ejemplo los que utilizan siembra directa). Estas últimas no se manifestaron ni participaron de las acciones. En ellas casi no hay propietarios pequeños y medianos. Por el peso de tener incumbencia nacional, por ser las más antiguas, las 4 entidades gremiales nacionales, suelen ser tomadas como las representativas de todo el sector, pero de hecho no es seguro que así sea.

En la escalada del conflicto a lo largo de los 21 días del paro de los productores del campo todo lo anterior estaba presente pero oculto. La medida se toma a partir de la fijación de retenciones móviles sobre la soja semanas antes de la cosecha. Esta no fue una medida que se iba a aplicar para la próxima cosecha y ahí podría ser entendida como una regulación en función de garantizar que no cayeran las otras producciones, sino que se aplica, sin ninguna distinción, a todos los productores en el momento que van a cosechar, cambiándoles las condiciones bajo las que tomaron la decisión de producir. En general se considera que cuando esto sucede se agrega más incertidumbre a la actividad económica y sirve de desaliento a procesos de inversión.

Además se aplica sin ningún mecanismo de consulta previa ni de negociación. Además de evidencias que no se previó una oposición tan frontal, pareciera que tuvo un objetivo fiscal directo. Es atribución del gobierno hacer esto?. Si y no. La modificación de la política impositiva es resorte del Congreso de la Nación, pero..como el país está en emergencia económica, calificación que este gobierno no tiene ninguna intención de modificar (aunque luego se presente como responsable de la etapa de mayor crecimiento económico del país) porque la misma le permite el manejo directo de las retenciones y del presupuesto nacional entre otras cosas, si está habilitado para aplicar estas modificaciones a las retenciones.

También anuncia que bajará las retenciones del trigo del 25 al 24.1% como muestra que quiere mejorar la rentabilidad de los otros productos para evitar la fuga hacia la soja. Lo exiguo del descenso y el hecho de hacerlo cuando el remanente sin vender (15% del total) está en manos de los exportadores no de los productores pareciera que va a generar ganancias solo a unos pocos y fue lo que podría decirse una medida para la "tribuna" o en este caso para el "palco" por lo reducido de los beneficiarios.

Ahora bien, por qué entonces una respuesta masiva de los productores/propietarios no solo de soja y una ausencia en la protesta de los grandes productores/propietarios o de los grandes productores?. Por qué protestaron incluso los que podrían beneficiar, como los que utilizan la soja como insumo de su producción?

Me parece que hay que ver acá diferentes situaciones:

a.. este gobierno viene acumulando errores en la política hacia el productor de campo, en los conflictos por el tema de la carne o de la leche, acordó con las grandes y pocas empresas industriales (frigoríficos e industrias lácteas) y las compensaciones para evitar el aumento de precios al consumidor quedaron en poder de las empresas y no llegaron a los productores. En realidad tampoco a los consumidores porque los precios no se mantuvieron, pero esta es una acotación al margen. No hubo indicios que los reclamos al respecto fueran escuchados ni que se fuera actuar de manera diferente en el futuro. No se cuantos de los que salieron conocen el poema de B.Brecht pero me parece que algo así circuló y entonces la protesta excedió largamente a los sojeros.
b.. Tampoco es tan fuerte el vínculo con las entidades para delegarles la negociación y tomo fuerza el mecanismo de acción directa. Actitud no propia de estos productores sino que surge en distintos sectores. Por qué Gualeguaychú no confía en el gobierno nacional y tiene un puente internacional cortado?, por que en su momento los movimientos piqueteros realizaron lo mismo?.
c.. Cómo fue posible que durante los primeros días del conflicto no pudieran generarse instancias mediadoras: no hay ministros con esa capacidad?, no se hubiese podido abrir el juego a gobernadores?, no puede cumplir ningún rol el Congreso de la Nación?. Es posible que solo quede la figura de la presidenta?.
d.. Por qué no existe la misma actitud de establecer márgenes fijas de ganancia con las otras actividades económicas, ellas también formadoras de precios o incluso más formadoras que el sector productor agropecuario?.
e.. Por qué las retenciones agropecuarias son para el poder central y las regalías petroleras para las provincias petroleras? No sería hora que las retenciones integren el régimen de coparticipación?.
f.. Cuatro discursos en una semana con diferentes auditorios?. El único elemento aglutinador que el gobierno encontró para imponer su autoridad fue la categorización del conflicto como un intento de golpe de estado? Las divergencias internas en el oficialismo eran tan grandes? No es un poco peligroso darle semejante dimensión? Si fuera cierto no sería necesario explicitar responsables con nombre y apellido, iniciar causas judiciales?

Por el lado de la protesta también hay cosas que no se entienden?, por qué lanzaron el paro por tiempo indeterminado dos horas antes de que hablara la presidenta?, conociendo el estilo gubernamental eso también era cerrar todas las puertas del diálogo. Por qué recién ahora hacen conocer las distintas instancias de negociación que habían entablado antes del 11 de marzo?. Iniciaron la protesta sin mesurar la extensión que iba a alcanzar y no vieron que un paro de esa extensión iba a desembocar en el desabastecimiento?.

Las medidas compensatorias que se enunciaron son de difícil aplicación y se corre el riesgo que el régimen de subsidios corra la misma suerte que los que lo precedieron y por ende no cambien la situación inicial. Por otro lado, más allá del reconocimiento de que los pequeños productores son actores económicos que el gobierno quiere fortalecer no pareciera que el anuncio de la creación de una Subsecretaria específica modifique la situación, más aun cuando se anuncia que su prepuesto provendrá de partidas presupuestarias no ejecutadas por la Secretaria de Agricultura y que son de programas que estaban destinados a apoyar a los pequeños productores..será que cambiar el lugar de ejecución en el organigrama, cambia la eficiencia?.

Son muchas las preguntas que el análisis de este conflicto despierta y como siempre pasa no será solo del campo económico donde salga la respuesta sino del político. Pareciera que tanto la protesta como la inacción del gobierno hasta la última semana del conflicto alcanzaron niveles y consecuencias no previstas por ninguna de las dos partes y dejaron expuestas fuertes debilidades políticas del país.

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Paro campo: lo que no se vio

etnologia 08/04/2008 @ 21:25

Conflicto Agrario Argentina

etnologia 08/04/2008 @ 21:23

Reportajes

etnologia 08/04/2008 @ 21:16
Reportajes a Eduardo Azcuy Ameghino, Mario Rapoport y Osvaldo Barsky, mirando al campo
Agustín Álvarez - David Cufré

http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=2272

Publicado el 19/3/2008 17:10:00

Para seguir pensando sumamos la entrevista a Eduardo Azcuy Ameghino. Economista, historiador, sociólogo. Todos aportan diferentes miradas, complementarias y analíticas sobre el campo y los poderes en juego. El agro y su rentabilidad inédita, la defensa de las retenciones como freno a la inflación, cómo usar el dinero en las arcas, la reivindicación del esquema de retenciones móviles. Esto y más en tres entrevistas que construyen una nueva mirada.

Artículos relacionados:

.Retenciones, dólar alto, inflación y rentabilidad agrícola en Argentina. ¿De qué se queja el campo? / Germán Saller
.Crónicas sobre las retenciones al agro / Arceo - Rodríguez - Zaiat - Scalleta
.Renta agraria y ganancias extraordinarias en la Argentina 1990-2003 - Javier Rodríguez y Nicolás Arceo
.El conflicto agrario: la mirada desde el INTI - Ing. Enrique M. Martínez

Sobre el conflicto agropecuario en la Argentina

etnologia 08/04/2008 @ 20:59

Café de las Ciudades

http://www.cafedelasciudades.com.ar/economia_66.htm

Equidad regional, competitividad de las ciudades y calidad institucional: retos para una política económica de objetivos múltiples I Por Fabio Quetglas

N. de la R.: Esta nota fue publicada originalmente en el blogspot del autor.

Sin dudas, las retenciones a las exportaciones agropecuarias y sus derivaciones pueden leerse desde muchas perspectivas; una manera de superar creativamente el conflicto abierto en estos momentos entre el sector productor agropecuario y el gobierno nacional, es evitar las simplificaciones inconducentes.

A ese fin trataré de hacer un aporte, con el único objeto de enriquecer el análisis y contribuir a dar lugar a un debate racional.

Desde la salida de la convertibilidad, las retenciones (en general, no solo las agropecuarias) han constituido uno de los pilares de la recuperación de los ingresos públicos, permitiendo de ese modo financiar acciones urgentes (planes sociales) orientadas a garantizar un mínimo de equidad social, sostener la demanda doméstica, evitar la profundización de quebrantos entre las PyMES y microempresas que destinan su producción al mercado interno, y contribuir a la paz social y la gobernabilidad.

La recuperación económica post-2002 fue poco a poco logrando esos objetivos, y bien vale aclarar que pocas cosas deben afectar más a la competitividad empresaria que un clima de desgobierno político. En ese sentido las retenciones no solo fueron una herramienta exitosa, sino también económica (en el sentido de "barata") frente al costo que hubiera implicado una continuidad de la crisis socio-política.

Una vez superado lo "peor" de la crisis, luego de la re-estructuración de la deuda y de la desvinculación con el FMI; correspondía revisar el tema de las retenciones. ¿Por qué?, sencillamente porque ante situaciones de recurrente superávit fiscal primario (mayores ingresos que gastos sin contar las cancelaciones de deuda), Argentina se encontraba en una situación inmejorable para dotarse de un esquema de financiamiento público progresista compatible con los objetivos de promoción de la eficiencia y la equidad en la estructura socio-económica (no nos olvidemos que luego de 6 años de importantísimos superávit nuestro regresivo IVA sigue siendo el 21 %).

Dado que la debilidad fiscal ha estado en la base de nuestras últimas crisis institucionales, una nueva fiscalidad debería orientarse no sólo a una solidez coyuntural, sino estructural y en ese sentido no debería perderse de vista el carácter excepcional de las retenciones y la necesidad de "ampliar la base" de contribuyentes lo que bien podría haberse alentado con modificaciones a la baja de ciertos tributos. Si se supone que las retenciones a la exportación de bienes primarios es un estímulo a la agregación de valor en territorio nacional, se da por sentado que los estímulos fiscales funcionan, y aceptada eso no puede dejar de considerarse la revisión del sistema tributario argentino.

Históricamente (tanto ahora como en épocas anteriores), ni la fiscalidad argentina en general ni el esquema de retenciones ha sido muy racional: por ejemplo, se cobran retenciones, con aparente finalidad anti-inflacionaria, a productos que no se consumen en el mercado interno o se gravan productos de zonas promocionadas (como sucede con el aceite de oliva).

Así como es casi imposible alterar la fiscalidad cuando el Estado no tiene solvencia, es tentador no modificarla cuando esta recaudando de manera exitosa. Sin embargo un Estado con capacidad de intervención económica no puede prescindir de un adecuado uso de las reformas fiscales, justamente cuando -como sucedió en los últimos cinco años- estaban dadas las condiciones para hacerlo. La irracionalidad del sistema fiscal, no es más que un reflejo de la irracionalidad extendida en el espacio público en Argentina. La misma que empuja el debate a la caricaturesca simplificación "sí o no retenciones"… y en las simplificaciones anidan los prejuicios y las descalificaciones, las partes se insultan, el ambiente se crispa y las soluciones se escapan. En algún sentido, la tendencia a la exacerbación de conflictos, a la introducción sistemática de la acción directa y la ocupación de la vía pública, no son más que emergencias que ponen de manifiesto la debilidad institucional y la incapacidad de mediar conflictos sociales (como podría leerse el de consumidores de alimentos y productores agrarios) desde una red institucional de articulación política.

La recomposición de la capacidad estatal para intervenir tiene sin dudas una componente fiscal (como bien dijo Alberdi: "No hay Estado sin Tesoro); aunque para que dicha capacidad sea creciente debe nutrirse de un componente simbólico, muy lesionado en el caso del Estado argentino, que es la legitimidad. En concreto, en Argentina nos llevará un tiempo a todos recomponer esa imprescindible capacidad estatal (al menos para quienes no tenemos una visión mercadista de la vida social), y en ningún caso será posible hacerlo sin la introducción de mayor calidad en las relaciones entre actores sociales. Pero volviendo a la cuestión fiscal; es bueno acordar que la solidez fiscal es un dato positivo y que no es conveniente en clima de turbulencias externas renunciar a ese objetivo; tanto como aceptar que un sistema fiscal irracional retrae la inversión y con ello se inicia el ajuste económico a la baja.

Entiendo que la disputa fiscal expone toda una visión del gobierno, del uso de los recursos, de la actitud ante la renta y la inversión, de la visión del ciudadano, etc. Por ejemplo, es bueno preguntarse acerca de las consecuencias territoriales de nuestro modelo fiscal o preguntarse si más allá de lo discursivo nuestro modelo fiscal estimula la creación de nuevas empresas, o si facilita la incorporación tecnológica o promueve la sostenibilidad ambiental, etc., etc. Todos objetivos que bien pueden ser apalancados desde la tributación con mucho mayor éxito que con decenas de otros estímulos. No quiero simplificar el debate actual a la cuestión del valor de la alícuota de las retenciones, pero tampoco soslayar lo que ha sido el detonante central de la reacción sectorial, y los argumentos oficiales no se mueven demasiado de la necesidad distributiva que requiere recomponer el tejido social argentino, pero esa misma actitud no se muestra hacia la renta financiera.

Quizás en vez de sostener un "momento distributivo" con renta excepcional, haya que concebir un modelo fiscal que tenga como centralidad en todo momento financiar adecuadamente políticas públicas de inclusión. Y no debe leerse esto como una expresión de Perogrullo, toda vez que 6 años de crecimiento a más del 8 % apenas han modificado el panorama distributivo argentino.

La actividad agraria representa alrededor de un 15 % del PBI (cerca del 30 % con la cadena agroindustrial) pero cerca de 2/3 de las exportaciones; su aporte de divisas es vital: ya sea para la constitución defensiva de reservas por parte del Estado (¿quien se las proveería de otro modo?), ya sea para financiar las importaciones imprescindibles para un aumento de competitividad de otros sectores. En ese 30 % del PBI el incremento de la inversión en estos últimos años no siguió el recorrido del resto de la economía, sino que duplicó la ya alta tasa de crecimiento general; y además probablemente explique un porcentaje importante de las inversiones fuera del propio sector (¿cuánto de los 300 edificios de más de 10 pisos actualmente en construcción en Rosario no son "soja hecha ladrillos"?).

Con un tipo de cambio sostenido desde el sector público, y que la totalidad de la población paga vía impuesto inflacionario (no olvidar que la expansión monetaria que se destina a sostener el dólar explica gran parte de la inflación que padecemos), y en un contexto de precios internacionales record, parece razonable que algunas producciones de origen agrario paguen un "plus" -denominadas retenciones- a los fines de sostener los ingresos públicos en niveles altos. Por lo demás, en ese contexto, las retenciones son la solución de manual a un problema ya tratado y resuelto por la economía denominado "enfermedad holandesa" (como se denomina a las consecuencias dañinas provocadas por un aumento significativo de los ingresos de divisas a un país por la suba de precios de un sector exportador, que al introducir "excesivamente" aquellas y apreciar desmedidamente la moneda conspira contra otros sectores de la economía transable). Pero a partir de allí, es imprescindible discutir: ¿cuántas retenciones? ¿A qué cultivos? ¿Qué destino darle a esos ingresos extraordinarios?

No sea cosa que por evitar la "enfermedad holandesa" contraigamos la "enfermedad argentina", consistente en no responder adecuadamente bien a los momentos de bonanza económica, limitando su aprovechamiento a un proceso de transferencia de ingresos que, aunque bien intencionado, puede ser sólo un acto reflejo insuficiente en la complejidad de la actual economía global. Estoy asombrado al ver las modificaciones espasmódicas de los niveles de retenciones en los últimos años; el argumento dado es la suba extraordinaria de precios de determinados productos (en especial la soja). Haciendo un paralelismo sería como modificar el IVA cada vez que en una paritaria un sector gremial consigue una recuperación de sus niveles salariales. Así como creo que las retenciones son necesarias en el actual contexto, creo que la certidumbre acerca de los criterios de imposición es una señal de sensatez en materia de política económica (tal vez un esquema de retenciones móviles distinto al planteado días pasados y más orientado a generar certeza sea lo adecuado).

La segunda cuestión en juego es aceptar que la actividad agraria, llena de riesgos y desafíos, es llevada adelante para obtener beneficios y que los mismos son legítimos; por lo tanto si luego de muchos años de precios a la baja, ahora hay un ciclo positivo, hay que pensar y hacer verdadera política económica de objetivos múltiples:

a) Consolidar a nuestro sector agrario como proveedor de divisas a la economía,

b) Re-organizar territorialmente al país y aprovechar el envión para generar mejores condiciones de equidad entre regiones, y

c) Socializar parte del excedente agrario y construir condiciones de estabilidad política que permitan el tránsito hacia una economía más competitiva e inclusiva.

Como derivación del cambio de condiciones macroeconómicas post-convertibilidad y de la suba de los precios internacionales, se produjo en el campo argentino un profundo cambio de geografía productiva, con básicamente 4 consecuencias:

a) La expansión de la frontera agraria (no siempre respetuosa del ambiente, más por defecto de planificación pública que por irracionalidad del sector productor),

b) El desplazamiento de la ganadería a zonas (antes denominadas) marginales,

c) Una tendencia a la menor diversidad productiva,

d) La consolidación de una "red de ciudades intermedias" (Río Cuarto, Pergamino, Venado Tuerto, Rafaela, Charata, etc.) como proveedoras de servicios avanzados de un hinterland agrario altamente eficiente.

Tres de esos cuatro cambios son "noticias excelentes" y respecto de la menor diversidad productiva, justamente las retenciones pueden ser la herramienta eficiente para resolver el problema si se usa adecuadamente el diferencial de retenciones entre cultivos, conforme la evolución de sus precios. Sin caer en admoniciones acerca de "cultivos malos" y "cultivos buenos", lo cierto es que una diferencia más notable en el esquema de retenciones puede estimular la rotación y los procesos de agregación de valor de la cadena agroindustrial. Esta posibilidad no fue suficientemente explotada por el gobierno, casi seguramente por el temor al impacto inflacionario de una baja sustancial de las retenciones al trigo, maíz, arroz, etc., y más aún a los lácteos o la carne. A pesar de eso no puede decirse abiertamente que la política anti-inflacionaria haya sido plenamente exitosa, y este es el aspecto en donde la sociedad paga un costo muy elevado de la falta de dialogo y coordinación gobierno-sector agropecuario. Entiendo que no es imposible -en Argentina- establecer ciertas garantías de provisión al mercado interno que convivan con una expansión de las ventas al exterior; pero en cualquier caso tal solución implica reconocer tanto la legitimidad de unas retenciones previsibles y no des-estimulantes, como la existencia de la renta agropecuaria.

Existe de parte del sector agropecuario una indudable insuficiencia para reflejar en términos de discurso su notable transformación; el conjunto de la ciudadanía es ajeno a dicho proceso complejo con aristas positivas y controversiales. Pero no se trata de una deficiencia técnica, no es simplemente una incapacidad comunicativa, sino que refleja un cierto desprecio del sector hacia la política, hacia el espacio público; no existe una comprensión acabada de la dimensión colectiva de su actividad -aunque la misma sea llevada adelante por empresas privadas. No es sorprendente que el "tironeo" por la renta agropecuaria se haga en medio de afirmaciones carente de sentido para la mayoría de los ciudadanos y por lo tanto caldo de cultivo para las consignas poco fundadas (¿quién sabe como funciona un pool de siembra...? ¿Y cuántos de los que critican tales prácticas de gestión son capaces de explicar sin su aparición el salto de 70 millones a casi 100 que ha dado Argentina en los últimos años?).

Argentina no sólo necesita una institucionalidad de mayor calidad, sino también de condiciones materiales que faciliten esa construcción y el aporte del sector agropecuario no debe limitarse al aporte de divisas, por su centralidad debe contribuir al país con una mirada que exceda la cuestión de la rentabilidad coyuntural. La reconversión estructural de la economía Argentina no puede limitarse a detraer parte del excedente agrario para subsidiar la economía urbana (transporte, tarifas en general, consumos populares, etc.). Esa receta de "shock" (imprescindible en primer momento) debe continuarse con otras medidas que a la larga permitan desmontar la "bomba de tiempo" que significa hacer funcionar a las ciudades en base a referencias económicas equivocas (como son los precios subsidiados).

Si no queremos caer en los riesgos de la "sobre-especialización" económica, no sólo debemos imponer tributos que socialicen la plus-renta agraria, también debemos fortalecer nuestras otras ofertas económicas. Si en un momento la existencia de bajos costos internos por un tipo de cambio elevado nos dio envión, no es lógico apoyar nuestra competitividad solo en una moneda devaluada. Y la competitividad como Nación depende de la competitividad de nuestras ciudades, que en muchos casos es notablemente insuficiente, sobre todo en el actual proceso de cambio de escala de muchas de ellas.

La construcción de una economía compleja, diversificada, eficiente, requiere de un Estado con recursos y visión y de actores sociales que desenvuelvan su potencial en la idea de proyecto compartido. Muchas medidas están siendo ensayadas en ese sentido, como por ejemplo el notable incremento de la inversión educativa y la extensión de redes físicas de conexión; sin embargo hay otras que están muy demoradas como la previsibilidad fiscal, el estimulo al crédito en moneda doméstica (respecto del cual la inflación es un desaliento absoluto), la simplificaciones legales a la formación de nuevas empresas, un tratamiento diferencial fuerte a la contratación de mano de obra por parte de las micro y pequeña empresas, el incremento del estímulo a la a calificación de personal en la empresa (debe multiplicarse por diez el uso del crédito fiscal a esos fines) y, aunque parezca un poco fuera de lógica: una política seria de promoción de consumos alternativos en la dieta (sobre todo frutas, verduras y hortalizas) y de comportamientos cívicos más responsables y económicos (como caminar en distancias cortas, cuidar la energía, separar la basura). Lo cierto es que ahora tenemos un plus de posibilidades, que no es infinito y que bien podríamos ampliarlo si salimos de la pulseada y construimos un clima de trabajo compartido.

La otra cuestión es que destino se le da a tan extraordinarios (y seguramente pasajeros) ingresos públicos. En una visión muy personal, creo que deberían financiar cinco objetivos igualmente extraordinarios:

a) Una porción, indudablemente, debe usarse para sostener a los que luego de décadas de des-manejo económico han quedado marginados del circuito de producción y consumo (ellos no son responsables del quebranto argentino). Aunque debe girarse desde el actual esquema de subsidio directo a uno de subsidio al empleo, facilitando tanto la contratación de micros y pequeñas empresas, como la calificación en las empresas.

b) Otra porción debe constituir un significativo fondo anticiclico; Argentina, por su funesta historia económica, necesita blindarse mucho más que la media de los países a los vaivenes de la economía internacional y en tal sentido destinar durante varios años no menos de un 0,5 % del PBI a ese fin.

c) Reorganizar su sistema fiscal. Es inconcebible mantener un discurso progresista conviviendo con un IVA del 21 % e impuestos al trabajo aún elevados, y un impuesto a los bienes personales que alcanza a propietarios de un solo inmueble. Sin descuidar el superávit, hay que intentar una adecuación exitosa de nuestro régimen fiscal, lo que probablemente no debe hacerse de una sola vez, pero tampoco posponerse indefinidamente.

d) El cuarto objetivo debe ser la equidad territorial y en ese sentido es claramente defendible la expansión de la obra pública que el gobierno nacional viene impulsando en espacios geográficos alejados de los centros urbanos; con lo cual habilita nuevas oportunidades económicas.

e) El quinto objetivo es cualitativo: reconcebir nuestro federalismo sobre bases fiscales serias; y sobre todo evitar la profundización de un modelo de relación dependiente entre niveles jurisdiccionales.


Si bien se está avanzando en algunos de esos frentes; hay un dato que muestra la "contracara" de no hacerlo de manera más decidida. Las retenciones al agro rondaron los u$s 6.000 millones en el 2007 (más de 2 puntos del PBI y alrededor de ¾ de nuestro superávit fiscal), y su participación en la "torta" de recursos es creciente (alcanzando en el último trimestre del 2007 la escalofriante proporción del 12 %) lo que nos exhibe la vulnerabilidad de nuestro modelo de sostenibilidad fiscal atado a una variable que obviamente no podemos manejar (los precios internacionales de ciertos comoditties). Sin embargo, no debemos olvidar que mientras las retenciones deberían financiar las reformas (extraordinarias) propuestas, el resto de la recaudación debe atender la extensión y mejora de prestaciones públicas que contribuyan a mejorar las condiciones de vida y el ejercicio de la ciudadanía. En algún sentido, el uso para fines cotidianos de la recaudación por retenciones (tan excepcionales) nos está desviando del camino -más difícil- de ordenar la expansión del gasto público (necesaria) y consolidar un modelo fiscal pertinente y eficiente en relación a nuestra estructura económica.

En este contexto, no se trata de "un problema del campo", sino de una causa nacional: organizar una economía eficiente y justa, sin estigmas, valorando el esfuerzo de nuestros emprendedores y aprovechando la riqueza generada; estructurar un nuevo federalismo evitando la dependencia entre responsables políticos y estimulando la coordinación, reconcebir nuestras ciudades para que sean eficientes y sostenibles, recomponiendo el tejido social en base a la generación de nuevas oportunidades; en síntesis, construir un país en serio.

FQ

 

El autor es Abogado (UBA, 1989), posgraduado en Estudios sobre la Sociedad Civil (Universidad San Andrés/Di Tella, 1997), Máster en Gestión de Ciudades (Universidad de Barcelona, 2003). Fue Premio Quinto Centenario a los mejores investigadores jóvenes de América Latina (1992). Actualmente co-dirige el CEDET (Centro de Estudios del Desarrollo y el Territorio de la Universidad de San Martín, Buenos Aires) y es Director de Investigaciones del Centro Tecnológico de Desarrollo Regional "Los Reyunos", de la Universidad Tecnológica Nacional. Ejerce la cátedra universitaria y actúa como consultor independiente. Esta nota fue publicada originalmente en su blogspot.

 

De su autoría, ver también en café de las ciudades:

Número 61 I Política de las ciudades
Gobierno local, desarrollo y ciudadanía I De la pirámide y la división de competencias a la retícula y la convergencia funcional I Fabio Quetglas

Número 50 I Política de las ciudades (I)
Revolución informacional, nueva geografía y límites de la estatidad en la gestión del territorio I Reconquistar el mundo para una ciudadanía inclusiva. I Fabio J. Quetglas

Sobre el tema, ver también la entrevista a Martín Sabbatella en Página 12 del pasado 2 de abril.

 

Sobre equidad territorial y competitividad de ciudades en la Argentina, ver también en café de las ciudades la nota de este número sobre el Plan Estratégico Territorial y:

Número 58 I Economía de las ciudades
El "desorden" urbano, según FIEL I Los problemas locales de la calidad de vida y el crecimiento en las ciudades argentinas I Marcelo Corti