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Categoría: JUVENTUD - MASCULINIDADES

Masculinidades

etnologia 09/04/2008 @ 04:45

 Revista
Aportes Andinos
Mayo 2006
Programa Andino
de Derechos Humanos

Masculinidades Juveniles y Tensiones Identitarias: un enfoque de género

 Pablo Romero Guayasamín* 

 La(s) juventud(es) Comúnmente se ha establecido la categoría joven, desde un sentido cronológico, identificando a la juventud como una etapa de la vida que va de los 15 a los 24 o 30 años (según sea el caso) pero este criterio, que si bien será válido para el plano de las mediciones, desconoce el carácter dinámico del desarrollo humano y las implicaciones que las particularidades de la realidad tienen en los grupos sociales. Una segunda tendencia para definir a la juventud, es aquella que plantea que es la etapa que se inicia por los cambios biológicos y psicológicos de la pubertad y que concluye con la adquisición de deberes y derechos que tienen los adultos. Desde esta perspectiva, este proceso es visto como una transición entre la infancia y la edad adulta, que significa principalmente la preparación para desarrollar roles que implican la integración de los y las jóvenes a la sociedad. Entonces el paradigma de llegada es el adulto, donde los jóvenes habrán "madurado" superado el "conflicto de identidad" que los caracteriza y solo entonces serán "responsables". Muy ligada a la tendencia anterior, se encuentra la definición conocida como "moratoria social", que entiende a la juventud como un período de permisividad que media entre la madurez biológica y la madurez social. Esta "moratoria" significa la postergación, cada vez más prolongada, de los jóvenes para asumir roles que signifiquen su integración a la sociedad, y se hallan al margen de esta en su sentido económico, laboral y reproductivo, teniendo la oportunidad de estudiar, de avanzar en su capacidad intelectual en instituciones de enseñanza y proponiendo un tiempo libre socialmente legitimado. Pero este criterio de "moratoria social" significa que la condición social de juventud no se ofrece de igual manera a los integrantes de la categoría joven. Reservándose este privilegio a ciertos jóvenes, especialmente a aquellos que pertenecen a sectores socialmente acomodados. Desde este criterio, se ha construido la juventud paradigmática, aquella que ha sido fetichizada por los lenguajes hegemónicos de la sociedad de consumo y que es representada simbólicamente en el plano mass mediático como: deportiva, alegre, despreocupada, bella, la que viste ropas de moda, vive romances y sufre decepciones amorosas, pero se mantiene ajena a las responsabilidades de la vida. Este paradigma que corresponde al modelo de juventud de sectores sociales acomodados y que se ha popularizado por los mass media, será el punto de arranque del proceso denominado "juvenilización", donde lo joven cobra sentido de símbolo, independiente de la edad, y se convierte en lo fresco, lo espontáneo, lo informal, que el mercado ha sabido aprovechar para realizar una estrategia programado de seducción para el consumo, generando así en los jóvenes (especialmente de sectores sociales deprimidos) una fuente de tensión identitaria. Para el presente ensayo adoptaré una perspectiva antropológica para definir a la juventud, sobre la cual diremos que es una construcción sociocultural relativa en el tiempo y en el espacio, una manera particular de estar en la vida, con potencialidades, aspiraciones, requisitos, modalidades éticas y estéticas, lenguajes, etc., que sin embargo constituye un período de vida que es pasajero y cuya duración es limitada y que debe ser entendida desde un contexto histórico y sociocultural(1). Sin embargo, para que exista juventud, es necesario que se garanticen por un lado, una serie de condiciones sociales, sean estos comportamientos, normas, que distingan a los jóvenes de otros grupos de edad; y por otro, una serie de imágenes culturales, como valores o ritos, socialmente reconocidos y asociados a los jóvenes. Identidades Juveniles La juventud urbana busca su identidad en tres sitios: en el sí mismo (que comprende conocer - reconocer - reconocerse), en el grupo (mismos intereses) y en la sociedad (es decir, el ambiente) . En estos tres niveles la juventud busca la interacción con la sociedad, en medio de la cual pueden surgir comportamientos atípicos y problemas generacionales, o procesos de ruptura con lo "pasado", cuya cultura es tratada de agresora, y deja de ser reconocida, produciéndose reacciones de violencia y hostilidades de parte de los dos lados o de integración. La relevancia del grupo de pares ha aumentado en este último tiempo, como una suerte de respuesta al creciente desarrollo del individualismo y al alto nivel de consumismo y mecanización; fomentado además por una sociedad que lleva a una competencia constante por el éxito económico, generando ansiedades y profundas sensaciones de vacío y soledad en las personas. En esta situación, la juventud es la más perjudicada, pues las y los jóvenes no son aceptados y menos aún integrados plenamente en una sociedad, con las características anotadas. En estas condiciones la pertenencia a un grupo se hace necesaria, así es que los jóvenes se agrupan por una necesidad vital, en torno a sus intereses y espacios comunes. Sin embargo también se une el deseo de diferenciarse de aquello que no se comparte, representado principalmente en los adultos, existiendo un rechazo al autoritarismo y a la falta de espacios para opinar y decidir; ante esto surge un sentimiento y necesidad de refugiarse e identificarse en y con otros, considerando elementos similares, para suplir las carencias y expresar lo que sienten y piensan. Según algunos estudiosos, existen diferentes grupos en los cuales participan las personas. De este modo un grupo social se diferencia de un agregado de personas ya que sus miembros comparten interacciones repetidas, desarrollando una estructura y compartiendo normas, metas y valores. A estos grupos sociales se los puede clasificar entre primarios y secundarios, pues los primarios son los que están caracterizados por continuas interacciones cara a cara, por una identificación personal intensa con el grupo gracias a fuertes vínculos de afecto y por la tendencia a permanecer en el tiempo. Mientras que los grupos secundarios tienen una limitada interacción cara a cara, una débil identificación y vínculos de afectos con el grupo y no permanece en el tiempo. Según estas características, los grupos de jóvenes en su mayoría corresponden a los grupos primarios, convirtiéndose estos en agentes de socialización, siendo uno de los principales modos por el cual las personas adquieren su yo personal; entonces el grupo se convierte en el grupo de pares, pues se trata de personas consideradas como iguales y que sirven de refugio, crecimiento y refuerzo del propio yo. A partir de esto surgen códigos, interacciones, formas de expresión y realización de actividades propias que fomentan esta sensación de pertenencia, complicidad y semejanza. Estas actividades están alrededor de sus diversiones, ya sea de su gusto por la música, o el fútbol; pero sobre todo algo que le permita exacerbar su sentido colectivo, manteniéndose al margen de la rutina colectiva. Pero también surgen normas, sanciones y comportamientos adecuados e inadecuados, establecidos de modo implícito o explícito. El lenguaje corporal y gestual, la demarcación de territorio, el vestuario, los símbolos, nuevos códigos de comunicación y ritos son parte de la identidad del grupo y señalan sus fronteras, permitiendo la cohesión de este y generando significados de lo que quieren transmitir. La adscripción a un grupo en determinado momento, no implica una permanencia constante, los jóvenes pueden cambiar de grupo de acuerdo a variaciones en la apreciación de la realidad, al cambio de intereses o porque se considera que el modo de pensar que se tiene, es mejor representado de otro modo o por otro grupo. Una de las grandes preocupaciones de algunos de los grupos es la autenticidad, es decir el que realmente se comparta y se viva una visión del mundo, como los valores e intereses del grupo. En este juego de búsqueda de autenticidad, los medios de comunicación y la moda desempeñan un rol importante. Género y Masculinidad El "género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos (...) es una forma primaria de relaciones de poder"(2) constituido por cuatros aspectos que son: lo simbólico, lo normativo, lo institucional y lo subjetivo. El género por lo tanto es la construcción social de la diferencia entre los sexos. De aquí que las ideologías de género(3), sean construcciones discursivas que aparecen sobre la base de relaciones asimétricas, esto es asignar diferenciaciones, de modo que tareas, funciones y atributos dados a hombres y mujeres, no guarden la misma proporción. Las ideologías de género entonces se articulan bajo el paradigma dominante de masculinidad, tanto como una representación simbólica (manera como se concibe la masculinidad) y también como una norma (manera como debe comportarse un hombre) Así encontramos que las sociedades a través de pautas, rituales, sistemas de premios o castigos que fomentan la agresividad e inhiben comportamientos pasivos, exigen a sus varones pruebas que puedan mostrar (demostrar) su masculinidad. Esto sin embargo nos brinda pistas para plantear que si la identidad masculina está constantemente en duda (que necesita pruebas para mostrarse) es por que esta identidad no está determinada por la naturaleza. Construirse varón bajo el modelo dominante de masculinidad es un proceso difícil, pues está basado en el estoicismo de su auto negación a favor de los demás, a quienes debe sostener, y que por lo tanto requiere de beneficios simbólicos y materiales; y que consisten básicamente en la posibilidad de ejercer algún poder y el predominio de la esfera pública. Este aprendizaje se da a través de enseñanzas explícitas e implícitas, que sugieren que el varón posee un estatus distinto. Por esto es importante conocer como se va configurando ese "ser hombre" a través de los denominados estudios sobre la masculinidad. Los primeros estudios sobre lo masculino en la región andina se orientaban fundamentalmente al estudio del machismo, definido como el culto a la "virilidad, - aquello que hace referencia a los caracteres naturales, órganos sexuales y fuerza física de cada hombre y que se la considera como la parte natural y no domesticable de la masculinidad"(4) - pero es a partir de la década del ochenta, en que se desarrolló otro tipo de investigaciones sobre masculinidades que incorpora las contribuciones académicas del feminismo a la comprensión de la construcción cultural del género, los usos de la sexualidad y las relaciones inter e intra-género. En este sentido el tema masculinidades ha sido abordado desde varios enfoques que van desde una perspectiva conservadora, que argumenta que la conducta y actitud masculina es una manifestación de la naturaleza del hombre, de ahí que el dominio masculino sea natural; aquella que aborda a la masculinidad como una cuestión de poder desde el punto de vista histórico social; pasando por una perspectiva de los derechos de los hombres, en donde los principales perjudicados por el modelo de masculinidad reinante son los mismos hombres, siendo el feminismo quien ha provocado la aparición de un nuevo sexismo, con los hombres como víctimas; y por una perspectiva espiritual, donde la masculinidad deriva de modelos inconscientes profundos, y que puede re- construirse de manera personal y en relación con la naturaleza. Los jóvenes(5) y la construcción de su masculinidad Desde la perspectiva histórico social, y en cierta medida desde donde miraremos este trabajo, se considera al mundo de los hombres como el campo donde se obtiene el poder y en donde se lucha contra los otros hombres por dicho poder(6). En el marco del modelo capitalista esta lucha, se da como resultado de un modelo de identidad masculina dominante, que caracteriza a los hombres como personas importantes y seres activos, autónomos, fuertes, potentes, racionales, emocionalmente controlados, heterosexuales y proveedores, por oposición a las mujeres consideradas como el segmento no importante de la sociedad. Así los varones son portadores de poder, son impulsados desde la infancia a buscar poder y a ejercerlo con las mujeres y con aquellos hombres a los que pueden dominar, ya sea desde la célebre frase que se oye pronunciar a los padres y/o madres cuando sus hijos lloran al decirles: que los hombres no lloran, hasta la asignación de tareas y juegos ligados al mundo de lo doméstico a las mujeres. Hasta ahora la manera dominante de vivir la masculinidad está establecida por un modelo referencial, que lo que ha hecho, ha sido establecer relaciones de subordinación no sólo de la mujer con respecto al hombre sino también entre los propios varones, permitiendo masculinidades hegemónicas y subordinadas. En este sentido los jóvenes hombres buscan por todos los medios responder a ese imaginario social, que no sólo lo ven, sino que lo viven en sus relaciones cotidianas, esas características están dadas a partir de un discurso del ser hombre, como aquel que es perro, mujeriego, sapo, vividor, callejero, discurso que orienta una manera de ser y una actitud de los jóvenes hombres; discurso que circula en escenarios de encuentro juvenil (como son la calle, el colegio, la discoteca, los burguers y karaokes,) que no solo es sostenido, aceptado y repetido por los mismos jóvenes hombres, sino sobre todo por las jóvenes mujeres que se encuentran cercanas a ellos, ya sean estas amigas o enamoradas. A partir de ahí es que los jóvenes hombres que están alrededor tienen que ser de una manera y no de otra, pues no solamente su ser masculino entre en duda sino que pasa a ser calificado como gil, lento, norio y consecuentemente relegado. Entonces vemos como los otros hombres califican, juzgan la masculinidad del varón, en donde las mujeres son su opuesto, ellos no deben ser como ellas: emocionales, de la casa, pasivas, penetradas sexualmente, madres. La mujer y lo femenino representa el límite, la frontera de la masculinidad, el que pasa ese límite está trasgrediendo y se expone a ser calificado de poco hombre o afeminado. Estas situaciones provocan un profundo proceso de tensión identitaria, que lleva a los jóvenes hombres a actuar, sentir y pensar de una determinada manera, con la cual pueden estar en contradicción, pero que al no recibir un tipo de mensajes distintos, terminan asumiéndolo y aceptándolo como propio. Entre las maneras de evidenciar este comportamiento, encontramos el cortejo a mujeres en lo que se denomina "vacilar" o "conquistar"; como también a través del consumo de alcohol y cigarrillos, que si bien el consumo de éstas substancias es explicado a partir de su papel de sociabilización en una sociedad de consumo, en el caso de los jóvenes hombres constituye un factor referente que determinará la hombría - entendida esta como aquel aspecto de la masculinidad que corresponde al ámbito de lo público, donde la masculinidad es lograda y reconocida públicamente. Claro que también encontramos el uso de la violencia, ya sea a través de los golpes o de palabras groseras como medio de mostrar la afectividad masculina entre hombres y la posibilidad de correr riesgos como forma de expresar hombría, ya sea esta mediante peleas con otros jóvenes hombres, molestar a alguien "más débil" o recurriendo a deportes o concursos de riesgo o de bailes donde mostrarán sus habilidades. En cuanto a sus parejas, el tipo de relación que mantienen por lo general se caracteriza por un sentido de posesión y/o propiedad, se ven actitudes de exhibirse y demostrar que el hombre tiene control sobre ella. Claro que para mantener el poder sobre los otros, el hombre necesita evidencias que demuestren su hombría, en nuestra cultura occidental, estas evidencias deberán ser el éxito, la fortaleza, la capacidad para correr riesgos, el ser confiable y ejercer un buen control sobre sí mismo. Entonces el hombre es un ser que implica un deber ser, que se impone como algo sin discusión: ser hombre equivale a estar instalado de golpe en una posición que implica poderes y privilegios(7). Lo masculino prevalece como una actividad hegemónica, que se encuentra en contra o sobre otras formas de masculinidad, que no concuerdan con el ideal impuesto culturalmente, que por cierto es imposible de alcanzarlo, pero que por la misma razón permite mantener el poder sólo a una minoría de hombres. Además de pagar un precio alto por intentar vivir este modelo de masculinidad, que reprime sus sentimientos y genera incertidumbre y frustraciones. Pero el vivir este modelo genera frustraciones y muchas veces niega la dimensión afectiva, pese a que en este periodo existencial, las vivencias relacionadas con el mundo de la afectividad son sus principales preocupaciones y constituye un referente vital en su proceso de construcción identitaria juvenil; ya que si nos acercamos por un momento a las conversaciones que se dan entre los jóvenes hombres, veremos que la mayor parte de sus conversaciones se establecen en torno a las jóvenes mujeres, ya sea para conversar sus nuevas conquistas o consultar sobre los conflictos que tienen con ellas y como resolverlos. Desde nuestra perspectiva de análisis, evidenciamos que la masculinidad es algo que se construye desde lo cotidiano, día a día, que se va significando y resignificando en forma constante en función de la trama de relaciones que se establecen consigo mismo, con los otros y con las sociedades, de aquí que lo masculino pertenezca al campo de lo social y no al campo de la naturaleza o de la biología(8). Por tal razón es que cada cultura construye socialmente las características y ambiciones que forman el ideal de lo masculino, por eso en nuestra cultura occidental, para los jóvenes, el tratar de cumplir con el ideal que representa el ser hombre, es una experiencia dolorosa, pues el hombre que va en búsqueda de su masculinidad intenta por todos los medios llegar al éxito, como sinónimo de poder, riqueza y reconocimiento. Elementos de ruptura con la masculinidad hegemónica La búsqueda por establecer unas nuevas prácticas de las relaciones entre los géneros, implica la transformación de las estructuras simbólicas, que en ese proceso revalúan el papel social de la mujer, de tal forma que el imaginario masculino requiera construir una nueva identidad que permita a los hombres asumir una relación equilibrada. Este nuevo imaginario masculino implica revisar y cuestionar el modelo preponderante de masculinidad que ha sobrevalorado el papel y poder de los hombres en la sociedad. De esto depende la construcción de una nueva cultura que libere tanto a hombres como mujeres, de estructuras sociales de poder que imponen condiciones autoritarias entre los géneros(9). Si bien los jóvenes de hoy han sido "bombardeados" de ese paradigma predominante de masculinidad desde la niñez; en donde incluso los juguetes de la infancia tienen que ser varoniles. Su vida cotidiana se configura de manera distinta, básicamente por que las condiciones sociales así lo determinan, pues en muchos hogares la figura masculina-paterna normalmente es la gran ausente y es la madre quien asume los roles tradicionalmente masculinos, de aquí que esta sea una de las primeras puertas que empieza a abrirse, debido a que el eje referencial familiar de lo masculino y de lo femenino cambia. Una segunda puerta que en nuestro análisis empieza a estar presente, es con relación a lo que los/las jóvenes de estas generaciones consideran como la obsolescencia de ciertos patrones adultos como es la relación padres hijos - hijas, ya sea en lo referido a los permisos, horas de llegada a la casa o los noviazgos. Esto en cierta medida ha sido fruto de un proceso de negociación impulsado desde los/las jóvenes hacia el mundo adulto, pero también como resultado de ciertos cambios y aperturas dadas en la sociedad. De los anteriores elementos planteados, se deriva un tercero que hace referencia a que el mismo sentido de autoridad patriarcal ha perdido vigencia, esto debido al discurso moderno que la sociedad y sus instituciones han querido presentarnos, haciendo énfasis en que el modelo de democracia liberal que vivimos, impulsa aspectos tales como la libertad individual, la cual está atravesada por elementos de participación y ciudadanía, mediante la toma de decisiones en todos los aspectos que competen la vida de una persona y los derechos y responsabilidades sociales a los cuales los ciudadanos están abocados, poniendo en entredicho dicha autoridad patriarcal y planteándose más bien un tipo de relación y de concepciones "mas civilizadas". Este discurso, ha favorecido en el caso juvenil, el aparecimiento de reivindicaciones sociales y particulares de los/las jóvenes en lo que se ha denominado derechos juveniles y como parte de estos derechos, los derechos sexuales y reproductivos y de manera más particular, con referencia a las opciones u orientaciones sexuales. Bibliografía: Alfonso Hernández, "La Masculinidad ¿Poder o Dolor? en La Masculinidad. Aspectos sociales y culturales, copilado por José Juncosa, Quito, Ediciones Abya Yala, 1998, pp. 109-117. Charles Feixa, El Reloj de Arena. Culturas Juveniles en México, México D.F., Causa Joven, Colección Jóvenes N°4, Instituto Mexicano de la Juventud, 1998. Humberto Abarca Paniagua, "Discontinuidades en el modelo hegemónico de masculinidad", en Feminidades y Masculinidades. Estudios sobre salud reproductiva y sexualidad en Argentina, Chile y Colombia, Compilado por Mónica Gogna, Buenos Aires, CEDES, pp.193-244 Klaudio Duarte, La Construcción de la masculinidad en el Liceo, Ñuñoa, Mimeo, 2000. Mara Viveros, "Notas en torno a la categoría analítica de género", en: Ética: masculinidades y feminidades, compilados por Ángela Inés Robledo y Yolanda Puyana Villamizar, Bogotá, Centro de Estudios Sociales, Universidad Nacional de Colombia, 2000, pp. 56 - 85. Pierre Bourdieu, "La dominación masculinidad en La Masculinidad. Aspectos sociales y culturales, copilado por José Juncosa, Quito, Ediciones Abya Yala, 1998, pp. 9-108 Rafael Montesinos, "Cambio cultural y crisis en la identidad masculina" en La Masculinidad. Aspectos sociales y culturales, copilado por José Juncosa, Quito, Ediciones Abya Yala, 1998, pp. 119-143 Valdés Teresa y Olavarría José, ed., Masculinidades y equidad de género en América Latina, Santiago, FLACSO, 1998. Xavier Andrade y Gioconda Herrera, ed, Masculinidades en el Ecuador, Quito, FLACSO-UNFPA, 1998. Notas Charles Feixa, El Reloj de Arena. Culturas Juveniles en México, México D.F., Causa Joven, Colección Jóvenes N°4, Instituto Mexicano de la Juventud, 1998, P. 30 Mara Viveros, "Notas en torno a la categoría analítica de género", en: Ética: masculinidades y feminidades, compilados por Ángela Inés Robledo y Yolanda Puyana Villamizar, Bogotá, Centro de Estudios Sociales, Universidad Nacional de Colombia, 2000, pp. 59 - 60. Humberto Abarca Paniagua, "Discontinuidades en el modelo hegemónico de masculinidad", en Feminidades y Masculinidades. Estudios sobre salud reproductiva y sexualidad en Argentina, Chile y Colombia, Compilado por Mónica Gogna, Buenos Aires, CEDES, p.196. Klaudio Duarte, La Construcción de la masculinidad en el Liceo, Ñuñoa, Mimeo, 2000, p. 24. Entrevista a jóvenes urbanos de estratos populares de la ciudad de Quito, estudiantes secundarios de entre 15 a 18 años de edad, marzo 2006. Alfonso Hernández, "La Masculinidad ¿Poder o Dolor? en La Masculinidad. Aspectos sociales y culturales, copilado por José Juncosa, Quito, Ediciones Abya Yala, 1998, p.110. Pierre Bourdieu, "La dominación masculinidad en La Masculinidad. Aspectos sociales y culturales, copilado por José Juncosa, Quito, Ediciones Abya Yala, 1998, p.56. Alfonso Hernández, "La Masculinidad ¿Poder o Dolor? en La Masculinidad. Aspectos sociales y culturales, copilado por José Juncosa, Quito, Ediciones Abya Yala, 1998, p.112. Rafael Montesinos, "Cambio cultural y crisis en la identidad masculina" en La Masculinidad. Aspectos sociales y culturales, copilado por José Juncosa, Quito, Ediciones Abya Yala, 1998, p.119. * Licenciado en Comunicación Social, Estudiante de la Especialización Superior en Derechos Humanos, UASB-Ecuador. Integrante de la Fundación José Peralta, responsable de temas juveniles.