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Categoría: SALUD SEXUAL

Género y salud

etnologia 20/09/2008 @ 05:05


X Coloquio Internacional de Geocrítica

DIEZ AÑOS DE CAMBIOS EN EL MUNDO, EN LA GEOGRAFÍA Y EN LAS CIENCIAS SOCIALES, 1999-2008

Barcelona, 26 - 30 de mayo de 2008
Universidad de Barcelona

 

GÉNERO Y SALUD: DE LA INVISIBILIDAD AL MAINSTREAMING DE GÉNERO EN LAS POLÍTICAS DE SALUD

Dra. Carme Valls-Llobet
Presidenta del CAPS
caps@pangea.org  
http://www.pangea.org/

 

Género y salud: de la invisibilidad al mainstreaming de género en las políticas de salud (Resumen)

La salud de las mujeres ha sido estudiada en la ciencia médica como la salud del ser humano varón. En los últimos diez años la salud de las mujeres se ha empezado a visibilizar como salud diferente, con sus riesgos diferentes que los varones y con diferente evolución de las enfermedades (morbilidad diferencial) y diferente efecto de los tratamientos. Los avances científicos, el compromiso de la OMS en el mainstreaming de género en las políticas de salud y el papel de las redes de investigación y género y la revista Mujeres y Salud que ha propulsado el CAPS, han contribuido a hacer cada día más visible la salud de las mujeres y  producir cambios en la docencia, asistencia sanitaria e investigación.

Palabras clave: mujeres y salud, mainstreaming de género en salud, redes, morbilidad diferencial




Abstract

Women’s health has been studied in medical science like men’s health. During last ten years, women’s health has been visibilized like a different health, with their different risks related to men, and with a different diseases evolution (differential morbidity) and different effect of treatments. Scientific advances, WHO commitment in  gender mainstreaming  in health politics, and  role played by gender and research networks, and Women’s and Health Journal propelled by CAPS, have contributed to make more visible women’s health and produce changes in research, health care and teaching.
Key words:
women’s health, gender and health mainstreaming, networks, differential morbidity




Si existen cada vez más datos científicos que nos ponen de manifiesto la existencia de diferencias en el modo de enfermar entre hombres y mujeres, en la evolución de las enfermedades, y en la forma en que actúan los medicamentos, ¿Por qué la medicina no ve a las mujeres? ¿Por qué no ha estudiado a fondo las diferencias? ¿Por qué continúa considerando como inferiores o poco importantes los problemas crónicos que presentan las mujeres? ¿Porqué no se incluyen todavía a las mujeres en los ensayos clínicos de forma sistemática? ¿Porqué se medicalizan sistemáticamente los procesos naturales como el embarazo, el parto y la menopausia? ¿Por qué no han estudiado o no se valoran los conocimientos ya obtenidos de los efectos de la menstruación  en  todos los metabolismos corporales? ¿Por qué no se estudian los problemas que realmente padece y en cambio se crean nuevos problemas cuando se trata el dolor y el malestar con psicofármacos, sin averiguar las causas o las patologías subyacentes?    ¿Cómo se han construido e introducido en el inconsciente de lxs profesionales de la medicina los estereotipos de género que creen que todo lo referente a las mujeres es inferior, maligno, debe ocultarse, o debe esconderse porque no es relevante?

Aunque falta escribir la historia de la invisibilización de las mujeres de una manera global voy a tratar de describir en  mi comunicación  formas en que la ciencia biomédica ha intentado la devaluación y supresión simbólica de las mujeres incluyendo la mala utilización del concepto de género como una nueva forma de invisibilizar.

Los pequeños avances de la última década

Por un lado han existido unos tímidos avances en cuanto a la presencia de la     investigación en la literatura. Detectamos, analizando el Medline  de los últimos tres años,  la presencia de 54 artículos relacionados con mujer salud y trabajo, y en la base de datos Cochrane Library solo hallamos tres referencias sobre ensayos clínicos. Todavía, por lo tanto, el tema tiene una presencia testimonial en la investigación y no se puede hablar de salto cualitativo.

Por otro lado, sin embargo, hemos apreciado como un avance significativo las resoluciones adoptadas por el  Parlamento Europeo sobre la situación de la salud de las mujeres en la Comunidad Europea (Boletín Oficial de las Comunidades Europeas, 21 de junio de 1999), y que se apoyan –como primer documento citado- en las Conclusiones del primer Congreso sobre Mujeres, Trabajo, Salud (Barcelona 1996). En dichas resoluciones se habla de la especificidad de los problemas de las mujeres y las diferencias que existen en salud y que por lo tanto la política  sanitaria requiere también un tratamiento diferencial, y recomienda a los estados miembros que tengan en cuenta estos problemas tanto en los análisis de salud  como en las acciones a  desarrollar en el futuro. Creemos que sí se trata de un salto cualitativo que se pueda  recoger esto en las políticas sanitarias, ya que podría  suponer una referencia para otros países del mundo, influyendo tal vez en la política sanitaria, especialmente en la distribución de presupuestos, pues al no haber nunca recursos destinados a ella, la salud de las mujeres continua siendo la cenicienta de todos los problemas de salud y de todas las políticas de salud de los gobiernos. Cabe destacar el Seminario sobre Mainstreaming de Género en las Políticas de Salud en Europa celebrado en Madrid el 14 de Septiembre de 2001 que dio lugar a la aprobación de la política de género dentro de la OMS en marzo del 2002.

En el ámbito de la formación continuada en Género y Salud, se están creando en diversos países estudios de especialización pre y postgrado; en España se están produciendo tímidos avances al existir estudios de pregrado en algunas universidades (UB), seminarios de formación continuada de profesionales de la sanidad (Instituto de la Mujer) y algunos estudios o asignaturas de postgrado en algunas universidades que tienen departamentos de Género (Universidad Complutense. Madrid).

También, como un salto cualitativo de estos años en el estudio del estrés de las mujeres, destacaría el trabajo que han iniciado los profesores Frankenhaeuser  y Lundberg, de la University of Stocholm for Public Health Research. Sweden  para poder estudiar las diferencias de sobrecarga de trabajo doméstico para hombres y mujeres  comparando diversos países del mundo: China, Holanda, Dinamarca, Finlandia, Corea del Sur, Austria. USA (Ohio Minneapolis), Malasia, Alemania, España.

Otro tema que está empezando a ser tenido en cuenta aunque tímidamente es el impacto para la salud que suponen los problemas xenoestrogénicos y químico-ambientales  que afectarán y están afectando con mucha más intensidad al sexo femenino por sus diferencias biológicas (15% mayor de grasas) y por el efecto estrogénico directo que producen alteraciones  tanto en el ciclo menstrual a corto plazo como cáncer de mama y endometrio a largo plazo. Destacamos que el estudio de la exposición a químicos tóxicos ambientales ha sido uno de los principales temas del IV Congreso Internacional Mujeres, salud y Trabajo, celebrado en New Delhi, del 26 al 30 de Noviembre de 2005, donde se ha propuesto crear una red de investigadoras que estén trabajando en esta área del conocimiento, así como de su incidencia como factor de riesgo en el cáncer de mama.

Definimos la morbilidad diferencial como el conjunto de enfermedades, motivos de consulta o factores de riesgo que merecen una atención específica  hacia las mujeres sea porque sólo en ellas se pueden presentar dichos problemas o porque sean muchos más frecuentes en el sexo femenino. Pueden ser causadas por las diferencias biológicas con el sexo masculino, como ocurre con los trastornos de la menstruación, las enfermedades derivadas de embarazos y partos, o los tumores ginecológicos. También entran en esta definición las enfermedades que sin ser específicas del sexo femenino, se presentan con una mayor frecuencia (alta prevalencia)  en el sexo femenino, y son causa o de muerte prematura, enfermedad o discapacidad entre las mujeres más que entre los hombres, como son las anemias, el dolor crónico, las enfermedades autoinmunes, las enfermedades endocrinológicas, y la ansiedad y depresión. Existen también factores de riesgo diferenciales  que deberían ser prevenidos o abordados de forma diferente entre mujeres y hombres.

Desde julio de 1999 se está desarrollando, impulsada por el CAPS, la Red de Mujeres Profesionales de la Salud (Red-Caps) de ámbito estatal, que aglutina alrededor de 230 profesionales de todas las comunidades y diversas especialidades (entre médicas, psicólogas, profesionales de enfermería, trabajadoras sociales, sociólogas, etc.). La intención de la Red-Caps es facilitar el conocimiento mutuo, el intercambio de experiencias y conocimientos, y la posibilidad de formar equipos de trabajo, además de tener un espacio de reflexión multidisciplinar... El funcionamiento cotidiano de la red se hace a través del correo electrónico y en una jornada/seminario de autoformación anual en torno a algún tema específico. Se mantienen conectadas  a través de un foro y de un Info-red semanal para estar al día de las novedades en el ámbito de mujer y salud[i].

Además, en diversa autonomías del estado español, se han constituido redes entre asociaciones de mujeres que se dedican a ámbitos diversos de la salud (salud laboral, mujer y SIDA, pro-lactancia materna, planificación familiar, etc.). Constituyen unos grupos organizados óptimos para establecer enlaces entre las políticas públicas institucionales a nivel estatal, autonómico o local,  y las ciudadanas  que se han de convertir en protagonistas de su salud. La “Xarxa de Dones per la Salut de Catalunya”, por ejemplo, participa en el Consell de Dones de Catalunya, realiza jornadas de reflexión entre profesionales sanitarios y asociaciones de mujeres para la salud, presentando propuestas consensuadas colectivamente a las autoridades sanitarias de Catalunya.

La revista MyS (Mujeres y Salud) editada por el programa Mujer, Salud y Calidad de Vida del CAPS (Centro de Análisis y Programas Sanitarios), nació en 1996. Cultiva el arte de ofrecer información científica en lenguaje comprensible, porque pretende ser una verdadera escuela de salud tanto para profesionales como para las destinatarias de los conocimientos, las mujeres y también los hombres interesados en la ciencia de la diferencia. La revista desea intervenir en la mejora de la salud de las mujeres con conocimientos y reflexiones científicos, y con la opinión y los trabajos de todos los grupos, equipos, personas y redes que trabajan en el tema. Las promotoras de las revista MyS creen que el conocimiento nace de la experiencia. No solo tiene en cuenta las aportaciones de las y los profesionales, sino la voz de las mujeres que deseen explicar sus experiencias. Es, por tanto, una revista interactiva, lo que significa un espacio abierto donde las interesadas pueden intercambiar sabidurías.

Los avances de los últimos 10 años han empezado a descorrer el velo de la ignorancia científica sobre las diferencias en el enfermar y en los riesgos entre mujeres y hombres, pero todavía falta mucho camino por recorrer.

Bibliografía

Conclusiones del I y IV Congreso Internacional de Mujer Trabajo Salud

Seminario sobre Mainstreaming de Género en las Políticas de salud en Europa. Madrid 14 de septiembre de 2001. Volumen 34. Instituto de la Mujer. Madrid. 2002.

VALLS-LLOBET, Carme. Mujeres Invisibles. Editorial de Bolsillo. Barcelona 2006

Frankenhaeuser M, Lundberg U. Women, Work, and Health. Stress and Opportunities. Plenum Press. New York 1991.

Notas

[i] Jornadas de la Red de médicas y profesionales de la salud. En: Instituto de la Mujer: Debate, 30, 2000, Debate, 39, 2003, Debate, 44, 2006.

Referencia bibliográfica

Valls-Llobet, Carme. Género y salud: de la invisibilidad al mainstreaming de género en las políticas de salud. Diez años de cambios en el Mundo, en la Geografía y en las Ciencias Sociales, 1999-2008. Actas del X Coloquio Internacional de Geocrítica, Universidad de Barcelona, 26-30 de mayo de 2008 <.http://www.ub.es/geocrit/-xcol/programa.htm>

 

 

 

SERVICIOS DE SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA: PROPUESTAS Y REALIDADES

etnologia 20/09/2008 @ 05:01

Dra Zulema Palma.

Este texto es parte de la (ponencia presentada en las VI Jornadas de Historia de las Mujeres y I Congreso Iberoamericano de Estudios de las Mujeres y Género, Fac. Filosofía y Letras, UBA, agosto 2000.

http://www.mujeresaloeste.org.ar/salud/s29bis-4.html


Los Derechos Humanos que hoy son reconocidos en la Declaración Universal de las Naciones Unidas están sustentados en que todos los seres humanos nacen con derechos y libertades fundamentales iguales e inalienables, derechos que se señalan en el cuerpo de 30 artículos que conforma la Declaración.

Llegar a esta Declaración ha llevado años de luchas, sufrimientos y muertes para millones de miembros de la especie humana no sólo porque han sido reconocidos recientemente sino porque aun reconocidos no se los respeta o no se dan las condiciones materiales para ejercerlos.
Aun queda mucho por hacer para que estos derechos sean reconocidos universalmente, mucho más para que sean puestos en práctica y ejercidos efectivamente para y por todos los seres humanos y falta aun más para que sean ampliados y reconocidos universalmente como Derechos Humanos otros que se han ido constituyendo como tales en los últimos años.
Me refiero específicamente a los Derechos Sexuales y Reproductivos (DD SS y RR). 
Estos derechos surgen del reconocimiento de la sexualidad como campo de ejercicio de poder, como espacio del ejercicio de una política sexual en el sentido que le da Kate Millet y por lo tanto un terreno donde hay dominación de unas personas por otras, donde hay necesidades establecidas por una relación asimétrica de poder, que implica muchas veces la deshumanización de una persona por otra u otras que no respetan su integridad corporal, su libertad o sus deseos y necesidades.

Sumado a esto tenemos que el ejercicio de la sexualidad implica, en determinadas etapas de la vida de las personas, la capacidad y el hecho de reproducirse. Se conforma así un campo vasto donde se juegan relaciones de poder que tienen implicancias biológicas, psicológicas y sociales que trascienden a la propia vida finita de los seres humanos. 

Partiendo de la teoría que sostiene que el campo de los derechos es un campo donde se establece cuáles necesidades humanas se reconocen como aceptables por los que tienen poder o mejor aun por el conjunto de la sociedad, podemos decir que los DD SS y RR se constituyen en derechos porque se reconoce que el ejercicio de la sexualidad como un espacio de poder de unos sobre otras, debe pasar a ser un espacio de ejercicio de la libertad y la igualdad consagradas como fundantes de los Derechos Humanos de todos los seres humanos, valga la redundancia. 

DEFINIMOS ASÍ A LOS DERECHOS SEXUALES (con toda la provisoriedad que tiene cualquier definición) COMO EL CONJUNTO DE DERECHOS HUMANOS INALIENABLES QUE TIENEN LAS PERSONAS DE TOMAR DECISIONES LIBRES, SIN VIOLENCIA, SIN COACCION NI DISCRIMINACIÓN DE NINGUN TIPO, SOBRE SU PROPIA SEXUALIDAD, TANTO EN SUS ASPECTOS CORPORALES Y RELACIONALES COMO EN SUS ASPECTOS REPRODUCTIVOS Y A LOS DERECHOS REPRODUCTIVOS A AQUELLOS DERECHOS SEXUALES QUE IMPLICAN LA LIBRE DETERMINACION SOBRE LA PROPIA FERTILIDAD, que incluyen el derecho a no tener hijos y a tenerlos en el número, con el espaciamiento y en el momento que las personas, solas o en pareja así lo decidan, SIN NINGUN TIPO DE COACCION, DISCRIMINACIÓN NI VIOLENCIA.
Por lo tanto los DERECHOS SEXUALES INCLUYEN A LOS DERECHOS REPRODUCTIVOS, desde mi punto de vista deberíamos hablar exclusivamente de derechos sexuales, incluyendo entre ellos a los reproductivos. 

Reconozco, sin embargo, que como una etapa de transición hasta que se generalice el concepto inclusivo tendremos que seguir con la denominación derechos sexuales y reproductivos. 
Sentar el concepto de DERECHOS SEXUALES es un gran avance para superar la fragmentación conceptual y de hecho que la sexualidad humana ha padecido tanto en el campo del derecho como en los de la salud y la política, particularmente la sexualidad de las mujeres y significa descentrar a la sexualidad de la reproducción como su única expresión posible y ética.
Estos derechos tienen profundas implicancias para el ejercicio y goce de otros derechos, especialmente para las mujeres, me refiero en particular al derecho a la salud.
Este es otro derecho humano inalienable de todas las personas, que debe ser garantizado por los Estados más allá de la condición socioeconómica de las mismas.
La Constitución Nacional a través de la Declaración Universal de Derechos Humanos incorporada a su texto en 1994 dice "toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios".
Como vemos la Constitución reconoce el derecho a la salud pero explícitamente no lo garantiza.
Sí lo garantizan algunas Constituciones Provinciales, por ejemplo, la Constitución de la Ciudad de Bs As, consagra en su artículo 20 que: "se garantiza el derecho a la salud integral que está directamente vinculada con la satisfacción de necesidades de alimentación, vivienda, trabajo, educación, vestido, cultura y ambiente" y la Constitución de la Provincia de Bs As garantiza en su artículo 36 inc. 8) "a todos sus habitantes el acceso a la salud en los aspectos preventivos, asistenciales y terapéuticos".

Por lo tanto desde lo formal todos/as los/as habitantes del país gozan de derechos y garantías respecto de la salud, la cuestión es cómo se ejercen concretamente.
Los DD SS y RR y el derecho a la salud se plasman en los conceptos de salud sexual y de salud reproductiva. Desde la OMS aun no hay una definición única que abarque los dos conceptos. 
El Informe de la OMS de 1975 declara que: "Mientras que se reconoce que es difícil llegar a una definición universalmente aceptable de la sexualidad humana, la siguiente definición de salud sexual se presenta como un paso en esa dirección":
"Salud sexual es la integración de los aspectos somáticos, emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual, a través de formas que enriquecen y realzan la personalidad, la comunicación y el amor"

A su vez la expresión "salud reproductiva" apareció por primera vez en una resolución de la Asamblea de la OMS en 1988 (punto 41.9). En 1989 la OMS a través de su Servicio de Terminología Técnica definió a la salud reproductiva como: "el completo estado de bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de enfermedad o incapacidad, en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo, sus funciones y procesos.
Salud reproductiva implica que la gente sea capaz de tener una vida sexual satisfactoria y segura, con capacidad para reproducirse y la libertad para decidir cuándo y con qué frecuencia. Implícita en esta última condición se da el derecho del hombre y la mujer a la información y el acceso seguro, efectivo, aceptable y accesible a los métodos de regulación de la fecundidad de su elección y el derecho y el acceso a servicios de salud apropiados que le permitan a la mujer atravesar en forma segura el embarazo y el parto y contar con la mayor posibilidad de tener un niño saludable".

En línea con esta definición la atención de la Salud Sexual y Reproductiva se define como el conjunto de métodos, técnicas y servicios que contribuyen al bienestar y la salud en ese campo a través de la prevención y la resolución de sus problemas. 
Como se puede apreciar fácilmente este nuevo enfoque de viejos problemas considera al ser humano no sólo como un ser biológico, aislado de su contexto sino como un ser social, relacionado con otros de una manera particular a través de su sexualidad y a los problemas relativos a la sexualidad y la reproducción como un todo integrado que se debe abordar de ese modo tanto para su promoción, como para su prevención y atención.
La adecuada atención de la salud sexual y reproductiva implica una integración de servicios y tecnologías. No es planificación familiar solamente, ni atención aislada de las ETS o el VIH/SIDA sin prevención y educación para la salud, o la atención del embarazo y el parto o del aborto séptico sin una adecuada consejería en anticoncepción después de esos eventos de la vida de una mujer sola o en pareja. Este enfoque implica la integración de servicios no sólo dentro de los de salud sino integración con los servicios sociales y educativos.
Estos servicios incluyen la atención y el cuidado de la salud sexual en todas las etapas de la vida, implica educación sexual para niños y niñas, inclusión de las necesidades de las y los adolescentes en los programas y acciones específicas orientadas a satisfacerlas así como adecuada atención de la menopausia y asesoramiento y consejería sexual para la tercera edad. Son servicios para mujeres y varones, sin hacer discriminaciones en cuanto al estado matrimonial o no de las personas que se atienden en ellos.
Indudablemente este enfoque aborda una enorme cantidad de situaciones vitales y de alta prevalencia en cualquier población. Implica tanto la adecuada atención del embarazo, el parto y el puerperio como la cuidadosa atención de las víctimas de violencia sexual con un abordaje humanitario y no revictimizador que incluya también su prevención. 
Para desarrollarlos y ponerlos a funcionar es necesario principalmente pensar en nuevas formas de organización y monitoreo así como en una reconceptualización del lugar de las mujeres respecto de la sexualidad y la reproducción, donde ellas pasen a ser protagonistas y sujetos de sus eventos vitales relacionados con la sexualidad. 
Pensar en salud sexual y reproductiva es superar los viejos esquemas de salud materno infantil donde las mujeres quedaban ocultas por uno de sus roles sociales, por cierto no el único ni necesariamente el más importante, el rol de madres (o que no querían cumplir, pensemos en el aborto). 
Para los servicios de salud sexual y reproductiva es fundamental prestar atención al tema de la calidad de la atención, que implica no solamente alto nivel de calidad técnica y científica, sino también tratar a las y los consultantes con respeto y humanitariamente, sin abrir juicios sobre conductas sino desarrollando acciones que contribuyan a elevar la autoestima de las/los consultantes, su capacidad de autocuidado y la toma de conciencia en cuanto a las responsabilidades humanas y sociales que implica el ejercicio de la sexualidad.
Incluye el que se tomen en cuenta las necesidades de quienes consultan y su satisfacción como usuarias/os de los servicios y realizar atención de seguimiento.

PRINCIPALES CARACTERÍSTICAS QUE DEBERÍAN TENER LOS SERVICIOS DE SS SS Y RR

Coordinación de áreas involucradas: salud, educación, acción y servicios sociales.

Diseño de proyectos con enfoque de programa. 

Participación comunitaria en el diseño, implementación, monitoreo y evaluación de programas y proyectos.

Acciones de atención, prevención y promoción de la salud.

Acciones de información, educación y comunicación.

Inclusión de la perspectiva de género.

Priorización de la calidad por sobre la cantidad.

Coordinación para integrar servicios separados de SS SS y RR

Descentralización de actividades manteniendo la relación efectiva entre los diferentes niveles de atención.

Diseño de proyectos y acciones que tengan en cuenta las distintas etapas y situaciones vitales (adolescencia, perimenopausia, VIH-Sida, niñas y niños de la calle, consejería posaborto, etc.).

Mejoramiento de la recolección, análisis y uso efectivo de datos cuali y cuantitativos.

Evaluación de procesos y de resultados.

ALGUNAS PROPUESTAS

Es fundamental que:

1º: se desarrollen políticas y programas integrales de salud sexual y reproductiva basados en los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos inalienables.

2º: estas políticas y programas de salud sexual y reproductiva dejen de ser políticas de gobierno para transformarse en políticas de Estado, es decir para que tengan continuidad en el tiempo más allá de los cambios de las administraciones.

3º: se realicen acciones de monitoreo, adecuado seguimiento y evaluación permanente para corregir errores y continuar y profundizar aciertos.

Finalmente el ejercicio efectivo de los derechos sexuales y reproductivos por parte de varones y mujeres ampliarán el ejercicio de la ciudadanía esto es, ayudarán a dar mayor sentido de pertenencia social a quienes los puedan ejercer, ayudarán a la construcción de la identidad como miembros de esta sociedad y particularmente ayudarán al cuidado y la protección de las actuales y futuras generaciones.

Indudablemente el conocerse y estimarse como mujer o como varón, el ejercer el derecho a tomar decisiones sobre el propio cuerpo y la propia vida libres de coacción, violencia y discriminación contribuirá a construir ciudadanos y ciudadanas más libres, responsables y preparados/as para decidir en las demás esferas de la vida y de la convivencia.

 

LO QUE DICE LA GENTE SOBRE LA SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA

etnologia 20/09/2008 @ 04:58

 


Josefina Leonor Brown

INCIHUSA – CONICET / IIGG – FSC- UBA (Argentina)

josefinabrown@yahoo.com.ar

 

 

Se dice que la gente está a favor o que la gente está en contra. Se dice que hay que respetar la opinión de la gente. Se dice que se dicen muchas cosas, pero muy pocas veces se pregunta y muchas menos, se escucha. De eso trata, en parte, el libro de Mónica Petracci, una de las especialistas argentinas en opinión pública.

En Salud, derecho y opinión pública (1) esta investigadora del Cedes nos cuenta acerca de la historia reciente en torno de los derechos / salud sexual y reproductiva en Argentina. Pero, para ello, recurre a la herramienta que ha sido hasta ahora menos explorada para estos casos y que, Petracci exprime con precisión. Encuestas, sondeos u otros estudios de opinión pública son la fuente privilegiada de la narración; vale decir, “aquellos estudios cuyo objetivo es conocer el estado de la preocupación y el conocimiento sobre un tema, cuyos resultados pueden ser una contribución para diseñar intervenciones, promover el desarrollo de una política o elaborar programas de consejería (p.15).

Si las encuestas, los sondeos y los estudios de opinión pululan en muchos casos, sobre todo en momentos cercanos a las elecciones y con motivo predictivo, no suelen sobrar cuando de estudiar temas que no han sido puestos como prioritarios por la agenda política o mediática, se trata. Y ese es el caso de la salud sexual y reproductiva que salió del clóset con el retorno de la democracia y la explosión de la sexualidad a la vida pública, y allí está cada tanto, sobre todo cuando algún escándalo la trae de nuevo al ruedo. Entonces el debate público alcanza estridencia, como lo denomina Petracci, y luego vuelve a diluirse hasta reaparecer de nuevo con su característica virulencia.

Sin embargo, y aun cuando no muy difundidos, han existido estudios de opinión en diversos momentos desde los noventa en adelante y mediante los cuales se ha consultado a diversos sectores de la población, en especial de la Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires: la población en general, las mujeres y los médicos, en especial, han sido los principales destinatarios de estos estudios. Conocer la opinión de estos dos últimos grupos es un asunto a todas luces relevante puesto que las mujeres son, en general, las destinatarias de las políticas sobre salud reproductiva y aquellas en nombre de las cuales suelen demandarse medidas tendientes a cumplir con los derechos sexuales y reproductivos garantizados en la Constitución Nacional. Por otra parte, y como Petracci enfatiza, la opinión de los/as tocoginecólogos/as y los y las profesionales de la salud vinculados/as con los temas de salud sexual y reproductiva es de especial importancia.  Son ellos y ellas quienes están legítimamente autorizados/as, legal y normativamente, para actuar sobre estos asuntos y, es su opinión derivada de la legitimidad de su saber con la que se topan los varones y las mujeres, en general, en el momento de tomar decisiones sobre su salud sexual y reproductiva. A continuación, algunas de sus opiniones:

“El 65% de los profesionales opinó que el aborto era un problema muy relevante para la salud pública y también una amplia mayoría priorizó la puesta en marcha de acciones puntuales como, por ejemplo, la implementación de programas de asesoramiento anticonceptivo postaborto (71%) o bien, en otro orden, la promoción del debate público sobre este tema (48%). Ocho de cada diez manifestó su acuerdo con la frase “la despenalización del aborto contribuirá a reducir la mortalidad materna (79%)” (p.104).

“El 85% de los profesionales consultados está en desacuerdo con que el aborto esté penalizado en todos los casos, pero existe un porcentaje minoritario de profesionales (9%) que acuerda con ello, lo que lleva a pensar que no admite siquiera las excepciones contempladas en la legislación vigente” (p.105).

Estas opiniones coinciden con las de las mujeres, cuyos datos se encuentran detallados en el libro, aunque en los médicos/as se encuentra algo más polarizada la divisoria a favor y en contra. También existe coincidencia de opiniones entre mujeres y profesionales de la salud, en cuanto a la postura en relación con la interrupción voluntaria del embarazo. De acuerdo a los datos analizados por esta reconocida socióloga, existe una tendencia a seguir la línea del código penal respecto de las excepciones contempladas.

“Existe un amplio consenso en la aceptación del aborto como consecuencia de un embarazo producido por una relación sexual en la cual hay violencia, ya sea una violación o un embarazo resultante de un familiar cercano, consanguíneo”. También hay fuerte consenso en caso de problemas físicos o mentales incurables y cuando está en peligro la vida física o psíquica de la madre. En cambio, dice la autora, “… encontramos que existe un fuerte consenso en el rechazo al aborto cuando media la decisión autónoma de una mujer en la búsqueda de una vida que le resulte más cómoda, más segura o más placentera” (p. 89).

Opiniones que vuelven a poner sobre la mesa aquella conjetura de Virginia Guzmán en un artículo del 2001. Entonces afirmaba a propósito de la trayectoria de las políticas de las mujeres que era más fácil incluir en la agenda pública asuntos que vincularan a las mujeres como víctimas y no como sujetas autónomas. De allí la relativamente escasa resistencia a debatir sobre violencia contra las mujeres y la enorme dificultad para debatir públicamente de aborto en particular, y derechos sexuales y reproductivos en general (Guzmán, 2001; Brown, 2003) (2).

De allí la relevancia de una publicación como esta, que combina buenas fuentes, datos actualizados, análisis e interpretación ajustados y precisos, que aporta evidencia empírica y difunde los resultados de investigaciones que echan luz sobre los conocimientos, valores y opiniones de buena parte de la población que difícilmente pueda ser captada por otros medios. Conocer y difundir estos hallazgos sirve sin dudas, para clarificar e iluminar un debate sobre temas conflictivos como sexualidad, reproducción, anticoncepción y aborto. Todos temas cuya no resolución y falta de políticas públicas sobre cuestiones ampliamente consensuadas como “… el acceso a la información y provisión de métodos anticonceptivos en los servicios de salud, con la necesidad de impartir educación sexual en las escuelas y con la promoción del uso del preservativo para prevenir el VIH /sida a través de campañas realizadas por el Estado” (p. 63) y, la despenalización del aborto por lo menos en los casos que ya se encuentran contemplados en el Código Penal (en caso de violación y peligro la salud o la vida de la mujer), terminan cobrándose la vida de muchas mujeres. Considerando la proporción de muertes maternas por aborto en las seis provincias argentinas bajo análisis, Ramos et al. (2004: 47-62) concluyeron que para el 2002 un tercio de las muertes maternas correspondían a aquellas ocurridas a causa de un aborto, cifra que permite percibir la magnitud de su incidencia.

Precisamente así cierra Mónica Petracci la ilación entre Salud, derechos y opinión pública, recordándonos que, según datos del Ministerio de Salud en el 2002, “Los indicadores de salud reproductiva en Argentina no se condicen con los otros indicadores de desarrollo económico social del país. El gasto en salud per cápita y el Producto Bruto Interno (PBI), que históricamente han sido más elevados que en otros países de la región no se correlacionan con los indicadores de mortalidad infantil (16,6 por 1000 nacidos vivos)  y de mortalidad materna (43 por 10000 nacidos vivos)” (p.116).

 

 

Notas

(1)     Corresponde al título del libro reseñado. Autora: Mónica Petracci. Editorial Norma, Buenos Aires. 132 páginas. A lo largo del texto sólo marco las páginas entre paréntesis cuando la referencia es este libro.

(2)     Esos datos coinciden además con los obtenidos en un estudio cualitativo realizado en Mendoza a propósito de las repercusiones de la aplicación de un resolución ministerial sobre ligadura tubaria que contempló la realización de entrevistas tanto a mujeres como a profesionales de la salud (Cfr. Brown, 2006).

 

Bibliografía

BROWN, Josefina (2003) “El impacto de la globalización en la ciudadanía de mujeres. El caso de los derechos sexuales y reproductivos”. En Revista Confluencia de Sociología, año 1, Nº 1, pp. 73-93, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza.

BROWN, Josefina (2006) “De cuando lo privado se hace público o de cómo se construyen las políticas sobre sexualidad y (no) reproducción. El caso de Mendoza”. En compilación. CEDES (en prensa).

GUZMÁN, Virginia (2001): La institucionalidad de género en el Estado: nuevas perspectivas de análisis. CEPAL/ECLAC, Serie Mujer y Desarrollo Nº 32, Chile.

RAMOS, Silvina. et al. (2004). Para que cada muerte materna importe. Buenos Aires: CEDES.

SSR

etnologia 20/09/2008 @ 04:56

HOMBRES Y EQUIDAD DE GÉNERO EN SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA

Fuente: http://www.paho.org/spanish/hdp/hdwmuje.htm

Extraído: Programa sobre Mujer, Salud y Desarrollo. Marzo 2000. Número 18

 

Posteriormente a la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo (El Cairo 1994) y la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer (Beijing 1995) el tema de la participación de los hombres en salud sexual y reproductiva ha ganado mucho interés, por la siguientes razones:

 

  • la concientización de que las relaciones de género inequitativas afectan la salud reproductiva de ambos sexos de maneras múltiples;
  • la existencia de evidencias de los efectos negativos de ciertos comportamientos de riesgo de algunos hombres para la salud de las mujeres e hijos;
  • la solicitud por parte de las mismas mujeres para que se incorpore al hombre en los servicios de salud sexual y reproductiva;
  • la preocupación por las infecciones transmitidas sexualmente (ITS) y el VIH/SIDA;
  • el interés creciente por parte de los hombres para mejorar su propia salud y la de sus parejas sexuales y familias.

 

Existe cierta evidencia de que los hombres están más interesados de lo que se cree generalmente en salud sexual y reproductiva sin embargo, se puede dificultar su participación de manera género-sensitiva:

  • La falta de conciencia de los hombres de sus propias necesidades en este ámbito;

  • El hecho de que los programas de salud reproductiva están dirigidos casi exclusivamente a mujeres;
  • La escasa información sobre las actitudes, percepciones, necesidades y prácticas de los hombres en la salud reproductiva;
  • La falta de conocimiento de los hombres acerca de estos temas, los impulsa a tomar decisiones sin información y a imponer estas decisiones en sus parejas;
  • La falta de comunicación y toma de decisiones conjunta entre hombres y mujeres;
  • La falta de conciencia por parte de los tomadores de decisión y los gestores de políticas sobre la repercusión de las desigualdades de género y del papel de los hombres en la toma de decisiones sobre sexualidad y reproducción;
  • La falta de normas específicas, reglamentos y pautas para que los servicios incluyan y asistan a los hombres en los servicios de salud reproductiva.

Promover la participación de los hombres y el interés compartido entre los sexos supone cimentar nuevas formas de ser y pensar masculino, es decir trabajar en la construcción de masculinidades y feminidades equitativas, flexibles y diversas. Trabajar desde una perspectiva de género implica un abordaje de derechos humanos y de equidad.

Los hombres tienen necesidades propias en materia de salud sexual y reproductiva pero frecuentemente estas no son atendidas. Entre otros, los hombres necesitan información y servicios en los siguientes aspectos:

  • promoción de actitudes y prácticas responsables y compartidas hacia la sexualidad, el embarazo, la paternidad y la crianza de los hijos.

  • sexualidad y disfuncionamiento sexual,

  • planificación familiar (incluyendo vasectomía),
  • prevención y tratamiento de ITS y VIH/SIDA,
  • urología,
  • atención de infertilidad,
  • detección y atención de cáncer,
  • salud mental,
  • prevención de violencia de género y general,
  • abuso de sustancias.

 Algunas experiencias piloto han mostrado que el aumento de la participación de los hombres en los servicios de salud reproductiva no implica necesariamente inversiones financieras considerables como, por ejemplo: horarios especiales de atención para los hombres, invitar que los hombres concurran con sus parejas, proporcionar entrada y salas de espera separadas, contratar a proveedores y educadores masculinos, modificar la decoración de la clínica, actividades de promoción y prevención en espacios que no son de servicios, como el espacio laboral o recreativo, entrenamiento de capacitadores de pares en temas de salud sexual y reproductiva.

El abordaje de ciclo de vida en salud reproductiva abre oportunidades para trabajar en cambios favorables desde la niñez. Las actividades de promoción de la salud sexual y reproductiva durante las etapas de la niñez y la adolescencia facilitarán el desarrollo de habilidades para la vida que permitirán una vida sexual y reproductiva sana, responsable y feliz y la habilidad de tomar decisiones informadas, compartidas y respetuosas.

DDSR

etnologia 20/09/2008 @ 04:55

HACIA UNA GEOPOLÍTICA DE LOS DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS

 

La sexualidad y el cuerpo son territorios del hacer humano y campos de relaciones sociales, campos de ejercicio del poder creador o destructor y expresa la capacidad de ser y hacer. (Argelia Londoño Vélez)

 

Subió a conferencia el 5 de Octubre del 2006.

 

Fuente: webs.uvigo.es/pmayobre/textos/varios/geopolitica.doc

 

 

HACIA UNA GEOPOLÍTICA DE LOS DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS

 

 

Socióloga Argelia Londoño Vélez *

Medellín- Colombia

 

Una visión afirmativa de la sexualidad

 

La sexualidad es una condición humana básica que posibilita la existencia y prolongación de la especie humana, pero más allá de la reproducción de la especie y del triunfo sobre los instintos, es en la sexualidad en donde se puede hablar de la biología humanizada, es decir donde la biología pierde su carácter y se hace lenguaje, comunicación, cultura.

 

La sexualidad y el cuerpo son realidades complejas, no solo conjuntos de órganos y funciones biológicas o corporales. Estas realidades se envuelven en un espeso manto de símbolos, representaciones y significaciones culturales diversas, que incluso varían según la condición socio-económica y política de los sujetos y de los grupos sociales, la etnia, la edad y el sexo.

 

La sexualidad  y el cuerpo son territorios del hacer humano y campos de relaciones sociales, campos de ejercicio del poder creador o destructor y expresa la capacidad de ser y hacer; sentir y tener de los seres humanos. Es alli en donde   se ejercitan los límites que imponen las regulaciones, prohibiciones y permisos dictados por la cultura.

 

Las significaciones del cuerpo y la sexualidad se mueven en un amplio espectro, en un universo simbólico que pareciera contenerlo todo: lo sagrado, lo profano; lo divino y lo humano; lo glorioso y lo pecaminoso; la bondad y la maldad;  la gloria y el climax; el infierno y el abismo, lo lícito y lo ilícito. La sexualidad es endiosada o satanizada; en ella el cielo y el averno; el dolor y el placer, campo de castigo y exaltación.

 

La sexualidad y el cuerpo son campos de profundas valoraciones morales, estéticas, jurídicas, sanitarias y aún económicas. Las culturas y las personas le asignan a la sexualidad finalidades y significaciones que trascienden la reproducción  construidas al calor de los encuentros y los desencuentros: comunicación y compañía afectiva y erótica, espacio de placer, lúdica y recreación de los cuerpos.

 

 

La disociación real entre sexualidad y la reproducción asociada a la constitución de familia introducida por el uso masivo de anticonceptivos  abrió  la posibilidad del disfrute sexual femenino y la prevención del embarazo no deseado. La anticoncepción garantiza el ejercicio de la libertad de opción: de tener o no hijos, cuando tenerlos, espaciar los nacimientos  y de constituir o no familia. Sin anticoncepción la concreción del derecho a decidir sobre la reproducción y a controlarla efectivamente sería solo retórica. Hoy gracias a esta opción tecnológica el cuerpo y el ejercicio de la sexualidad pueden constituirse portadoras de lenguajes ricos, coloridos, en erotismo que es al decir de Octavio Paz en la poética del cuerpo. La sexualidad es cada vez más una promesa de realización humana.

 

Empezamos a trasegar por los senderos de una visión y una percepción de la sexualidad y del cuerpo como espacios de realización de derechos humanos. Aparecen articulaciones novedosas en la vida íntima y en el discurso social: erotismo y consentimiento; soberanía y autodeterminación en el mundo de los afectos y de la sexualidad; dignidad y afectividad, libertades y  toma de decisiones reproductivas,  concertación y negociación de la protección, autocuidado y empoderamiento en el marco de contratos sexuales mas democráticos, equitativos e igualitarios; sexualidad segura y erotismo.

 

El reto contemporáneo es articular sustancialmente sexualidad y política, una política sexual, como sugería Kate Mitchel en la década del 1970, ahora  entendida esta como ejercicio de derechos; articular intimidad y derechos y experimentarlos como realidades indisolubles e  inaugurar  contratos sexuales, hasta entonces inéditos, más democráticos y equitativos.

 

Esta percepción y concepción afirmativa de la sexualidad no puede menos que levantarse sobre una concepción afectiva y amorosa del cuerpo, reconciliadora de la humanidad consigo misma. El cuerpo y la sexualidad así concebidos se constituyen en patrimonio primario de los seres humanos y depositarios presentes de la titularidad de derechos. Lejos está, al menos es la aspiración, el cuerpo del castigo, culpa,  prohibición, el cuerpo y la sexualidad infravalorados encadenados al pecado. Se trata de afirmar ahora el cuerpo potencia, expresión del ser, memoria y presente de las emociones y sentimientos, fuente del deseo y de las alegrías, ventana de la percepción del mundo y recurso del conocimiento y de la dicha de si y de los otros seres, el cuerpo como habitación del sujeto; que es el sujeto sin la percepción del si mismo a través de su cuerpo? 1

 

En esta dirección el ejercicio de la sexualidad es parte sustantiva de la vida y se   asocia al bienestar humano; a la realización de derechos,  al descubrimiento de las potencialidades del ser sexual.

 

 

Los derechos humanos sexuales y reproductivos

 

Los Derechos humanos son bienes sociales preciados que señalan los nortes éticos a la humanidad y su conciencia crítica y simultáneamente sirven de paradigma para presidir el orden social y las relaciones entre los ciudadanos y ciudadanas y entre éstas y el estado. En lo personal constituyen condiciones de realización de la persona humana que no nos negaríamos a nosotras mismas.

 

Los derechos humanos se consideran ámbitos que el ser humano reconoce como éticamente valiosos y dignos de ser protegidos pero también se conciben como un límite al ejercicio abusivo del poder que se esgrime cuando hay intromisiones indebidas o arbitrarias por parte del estado  o de otros poderes en la realización de la persona humana. De hecho el origen de los derechos humanos se liga estrechamente a las oposiciones activas a su vulneración.

 

El estado de derecho se dirige a proteger a los individuos de la arbitrariedad del poder y su fin es la persona humana. La vigencia y garantía de los derechos humanos generales posibilita la realización de los derechos sexuales y reproductivos. Sociedades  en dónde se limitan o vulneran los derechos humanos suelen ser sociedades tolerantes o cómplices con la vulneración de los derechos sexuales y reproductivos.

 

Cuando se afirma que los seres humanos tienen derecho a disfrutar de una vida sexual satisfactoria, sana, libre y sin riesgos, se asume que los seres humanos en su sexualidad deben orientarse a la búsqueda del bienestar y que el ejercicio de la sexualidad tiene por objeto aproximar a los seres humanos al bienestar y que por tanto es bueno, deseable y lícito el disfrute sexual. 

 

Los derechos sexuales y reproductivos son entonces bienes sociales altamente valorados en tanto instrumentos que coadyuvan y garantizan que  los seres humanos tengan y realicen una vivencia de la sexualidad sana, libre, placentera y sin riesgos. Los derechos sexuales y reproductivos se orientan a la regulación de las relaciones sexuales entre generaciones y entre hombres y mujeres, al logro de la armonía y la equidad sexual y por tanto se oponen a toda forma de discriminación, riesgo, miedo, amenaza, coacción y violencia en el terreno de la sexualidad y de la reproducción.

 

Los derechos sexuales y reproductivos postulan una lectura de la sexualidad como condición que nos humaniza, vehiculo de conocimiento de si y del otro, como promesa de realización que nos posibilita la vinculación afectiva en democracia y que permite  la experiencia de la maternidad, la paternidad elegidas y la constitución de familia.  Nos posibilitan la conciencia y realización de las del múltiple ejercicio de las libertades sexuales individuales: decidir por ejemplo acerca del con quién, el cómo, el cuándo, el dónde, el porqué del ejercicio de la sexualidad. Nos posibilitan la gramática del si y el no y los actos de cortesía sexual: gracias, un poco mas tarde, aún no lo apetezco.

 

Los derechos sexuales y reproductivos abren la posibilidad de una comunicación afectiva y erótica sin dominación, abre las ventanas al encuentro de los sentidos olvidados y posibilita el aprendizaje del placer y del disfrute y el encuentro de la emoción estética. En síntesis los derechos sexuales y reproductivos actúan como potencias transformadoras que estimulan la autovaloración de la sexualidad como elemento sustancial del valor de sí mismo y de la realización del ser en cuanto humano.

 

Al vincular sexualidad, aspiración al bienestar y derechos humanos se invoca una concepción laica de la misma, desligada de consideraciones religiosas o moralistas y también se cuestionan las visiones  catastróficas o higienistas  dónde hegemonizan las concepciones de la sexualidad como riesgo, el cuerpo como territorio del daño, disfunción o  enfermedad.

 

La salud sexual y reproductiva en el enfoque de derechos deberá enrutar  acciones a la promoción de la vivencia de la sexualidad como campo de ejercicio de soberanía corporal expresada como la autonomía sexual y reproductiva. Asi mismo deberá fomentar la autovaloración del cuerpo y del si mismo, a la apropiación de éste como territorio de paz, de concertación y negociación de relaciones sexuales en equidad y para el desarrollo humano.  

 

La salud sexual y reproductiva promueve el ejercicio de derechos y estos a su vez garantizan la salud sexual y reproductiva, es decir actúan en un diálogo sinérgico a fin de que las personas sean sujetos constructores de su autobiografía sexual y ganen la capacidad de controlar sus vidas y de tomar opciones sexuales saludables.

 

Cuando la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo de El Cairo 1994 y la Cumbre Mundial de la Mujer, Beijing 1995, expresaron su opción por los derechos humanos sexuales y reproductivos interpretamos que se dio un mandato de protección por parte del estado a ese ámbito.

 

El ámbito de los derechos sexuales y reproductivos es la relación entre las personas, entre adultos y niñas y niños en tanto sujetos sexuales en relación social. Es importante destacar que los derechos sexuales y reproductivos tienen un espacio de realización en la relación de pareja pero no se agotan allí; su campo de operación son los diferentes espacios sociales en donde acontece la experiencia de los seres sexuados: la vida privada, la escuela, el trabajo, la calle, las instituciones. No hay campo social en donde hombres y mujeres no se relaciones como seres sexuados que son por naturaleza.

 

Los derechos sexuales y reproductivos se plantean como aquellos derechos que regulan y buscan armonizar las relaciones sexuales y reproductivas intra género, Intergénero y entre generaciones y en este sentido introducen una dimensión ética a la vivencia de la sexualidad, la reproducción y el afecto y extienden el campo de la realización de los derechos mas allá del espacio de las relaciones Estado sociedad civil.

 

Los derechos sexuales y reproductivos remiten al cuerpo como territorio de derechos; en este sentido, toda amenaza, acto u omisión orientada a  vulnerar la dignidad y la libertad humana, en el terreno de la sexualidad degradan la condición de ser persona. Las diversas formas de violencia sexual bien sean  actitudes, comportamientos, temporales o permanentes que atenten contra la dignidad y la libertad sexuales y reproductiva de las personas son vulneraciones de los derechos sexuales y reproductivos.

 

Los derechos sexuales y reproductivos, como parte inalienable e indivisible de los derechos humanos se erigen como límites al ejercicio arbitrario del poder y es en el terreno de la sexualidad donde el ejercicio del poder conoce algunas de sus expresiones más críticas y en donde se anclan las discriminaciones mas profundas. La violencia sexual es ante todo expresión de abuso de poder y se dirige a humillar, a degradar al otro y otra bien en la vida pública o en la vida privada, bien sea que provengan de los convivientes, la pareja, los amigos, los padres o padrastros o las instituciones y sus agentes.

 

En el mismo sentido la salud sexual y reproductiva  se dirige a cualificar las relaciones entre las personas, a incrementar su capacidad de disfrute de una sexualidad sin riesgos y  el goce de las libertades sexuales. (CIPD, párrafo 7.2)

 

Los derechos sexuales y la salud sexual implican una teoría y una práctica, personal y colectiva.  Una sociedad sexualmente saludable es aquella que posibilita y aún mas exige la realización y garantía de los derechos sexuales y reproductivos, no basta que algunas personas vivan la sexualidad amablemente, es preciso que la sociedad ofrezca opciones sexuales saludables. Esta aspiración requiere un hacer en la toma de decisiones de reracionamiento en la vida personal y compromiso íntimo y  un quehacer en lo público y en el reracionamiento con las instituciones en tanto representantes del estado y llamadas a garantizar los derechos sexuales y reproductivos.

 

 

Campos de acción de los derechos sexuales y reproductivos.

 

Transformar los derechos humanos sexuales y reproductivos en hechos implica un accionar múltiple  que va desde el desarrollo actitudes y concepciones personales y sociales de afirmación de la vida y de la democracia afectiva y sexual y de apropiación del si misma/o hasta la existencia y el fortalecimiento de instituciones y herramientas que los garanticen entre ellas los servicios de salud, bienestar social, servicios de protección y de justicia.

 

Las instituciones competentes tienen como función acompañar a las personas en los procesos de transformarse en sujetos de derechos, en el terreno de la sexualidad significa acompañarlas ene. Proceso de apropiación de su cuerpo, de ser dueñas de su sexualidad y su reproducción; acompañarlas en el proceso de cambio del ser objeto sexual al reconocimiento de si como sujetos sexuados y en la generación de habilidades en las personas para el empoderamiento y el autocuidado. En resumen para que contribuyan al ejercicio activo de derechos por parte de sus usuarios/as que son en últimas ciudadanos y ciudadanas en el ejercicio de derechos.

 

Instituciones y servicios orientados al mejoramiento de la vida sexual en equidad, a la armonización de las relaciones personales y sociales entre sexos y entre generaciones  y no solo para la prevención del riesgo y del daño,  la corrección de la disfunción sexual, la reducción del embarazo no deseado, la atención de la salud materno-infantil, cuestiones también fundamentales para el mejoramiento de la calidad de vida de las personas.

 

La experiencia de la sexualidad y de la reproducción y el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos entonces tienen diversos dominios. Propongo una mirada clasificatoria que nos permita  identificar campos para la acción. Son ellos: personal, político institucional, territorial y global. De manera breve:

 

El territorio encantado de la autobiografía sexual y reproductiva:

 

Este dominio  nos es cercano,  es el que compete a la vida íntima o a la vida privada, en donde ni el estado, ni ningún otro/a persona o institución puede intervenir o imponer decisiones sobre la sexualidad y la reproducción que corresponden al fuero individual. Aquello de “sola con las estrellas” aplica.

 

Ese dominio es el espacio de libertades individuales y de toma de opciones sexuales y reproductivas: tener o no relaciones sexuales, elección del estado civil, elección  del modelo de familia, contraer matrimonio y divorciarse, decidir acerca del número de hijos, elegir el uso de anticonceptivos. En este espacio cada quién obra de acuerdo a su conciencia, a su credo político y religioso y el estado y las instituciones, la pareja o simplemente los otros/as no pueden imponernos sus puntos de vista, su forma de vivir la sexualidad y la reproducción.  

 

En este espacio se ejerce la soberanía a través del empoderamiento de si, del sentido de pertenencia a si mismo/misma, es el espacio de la confrontación con el patriarca interior, es el espacio de la interrogación de la cultura y sus modelos que habitan en nosotras dado que somos una/o con la cultura.  

 

Igualmente es preciso el cuestionamiento de la cultura patriarcal, de los procesos de socialización, dado que somos un@ con la cultura, como decíamos atrás,  y nos inscribimos en las matrices simbólicas de lo femenino y lo masculino y en este sentido participamos de las propuestas de feminidad y masculinidad hegemónicas que nos hacen seres sensibles a comportamientos y prácticas de riesgo tales como: dificultad de actuar y hablar en defensa propia o déficit en la habilidad autoprotectora;  déficit psicosociales que nos conducen a entablar relaciones de desigualdad; dificultad de negociar sexo seguro. Todas estas fragilidades están fundadas en unas feminidades dependientes de la aprobación de los demás y unas masculinidades competitivas con una hipervaloración se sí mismos.

 

Requerimos con urgencia construir para nosotras mismas la sexualidad como campo de ejercicio de la libertad y preguntarnos si es estimable la libertad sexual. La libertad sexual es valiosa cuando se considera que elegir o tomar decisiones acerca de la autobiografía sexual es parte sustantiva de la vida, del proyecto vital y ámbito de autoafirmación individual y ganar una visión militante de los derechos, como asunto personal y de la realización de los humanos y humanas.

 

Requerimos la adopción de conductas individuales y colectivas de autoafirmación de la libertad y la dignidad sexual y empoderamiento para experimentarse como sujeto de derechos humanos sexuales y reproductivos. Aquí recurrimos al autocuidado como una práctica intencional de amorosa aproximación al sí misma en dirección a la transformación y la toma de conciencia de sí. El autocuidado y el empoderamiento son ejercicios mediante los cuales buscamos transformarnos en nuestros propios creadores y acceder a dimensiones tales como la percepción de la soberanía, la toma de control del sí mismo y el gozo de sabernos nuestras dueñas. Libres de las presiones de los imaginarios sociales que nos demandan un cuerpo y una sexualidad para otros

 

Sin embargo el cuerpo como territorio libre y soberano es mas una aspiración a construir, vivimos un déficit de los derechos humanos que en la vida real se opone a la realización de lo humano y de la sexualidad y por el contrario la transforman en fuente de equívocos y de malestares.

 

La dimensión política-institucional de la sexualidad y de los derechos

 

Se expresa a través de desarrollos legislativos e institucionales que realizan intervenciones en nombre del estado para garantizar los derechos, es decir para convertirlos en hechos. Esta dimensión tiene un espacio de privilegio en la interacción de las personas y las comunidades como usuarias de servicios de las instituciones y en la relación de las organizaciones y movimientos sociales y con el Estado. Entre otras cosas porque una de las características de los derechos es su exigibilidad ante otro, en este caso el estado y sus instituciones y  las respuestas institucionales son una de las condiciones que posibilitan el ejercicio de derechos.

 

Hacen parte de esta dimensión los decisores políticos (el ejecutivo y el legislativo) y los partidos, los ordenadores de políticas,  las normas, códigos, regulaciones y controles sociales, las políticas públicas o no, los servicios de protección, justicia, seguridad, salud, educación, bienestar a través de los cuales el estado se obliga, dado que este es su mandato, a garantizar el ejercicio de derechos y en este sentido hablamos de instituciones competentes.

 

También hacen parte de esta dimensión las normas e instituciones de carácter sancionatorio o coercitivo sobre aquellas conductas lesivas a la dignidad y a la libertad sexual y reproductiva. Los derechos en derecho deben ser exigibles y esta condición esta dada por su carácter positivo, esto es estar contenidos en instrumentos jurídicos. Allí se incorporan entre otros las legislaciones para prevenir o sancionar las diversas formas de violencia sexual e intrafamiliar, no hay que olvidar que la justicia y los servicios de justicia cumplen con una función restablecedora de los derechos pensemos en  instituciones reguladoras de la convivencia tales como las comisarías de familia y las inspecciones de policía.

 

Las instituciones del Estado sirven al tránsito del discurso de los derechos a la realidad de los servicios, estas operan las políticas públicas y las respaldan con planes operativos y asignaciones presupuestales y ofertas institucionales para responder por competencias de ley.

 

En el mismo sentido deben operar los planes o programas para estimular conductas protectoras y la vivencia de una sexualidad segura y sin riesgos y las políticas de salud sexual y reproductiva. Asi mismo hacen parte las instituciones de salud y sus programas de salud sexual y reproductiva; las instituciones de protección de la familia; las instituciones escolares y sus planes de información y educación sexual.

 

Las instituciones como espacios de garantía de derechos solo serán posible si las mujeres y los hombres cuestionamos los discursos de poder hegemónicos y visibilizamos los derechos sexuales y reproductivos como asunto de competencias institucionales y nos disponemos a que los recursos de estado sirvan a la garantía y realización de nuestros derechos.  Necesitamos que las instituciones se apropien del discurso y la práctica de los derechos sexuales y por tanto debemos compartir el saber y la experiencia del movimiento de mujeres y de la academia con la institucionalidad

 

Si aprendemos hacer acuerdos institucionales para el mejoramiento de la calidad de la atención, la incorporación de los enfoques programáticos de salud sexual y reproductiva  y enlaces con los servicios, a demandar la información y atención oportuna y de calidad. Aquí esta el tema de la vigilancia de la gestión pública por parte de las organizaciones y redes sociales.

 

 

La dimensión territorial.

 

Se trata en esta dimensión de estudiar como la configuración de algunos escenarios, contextos o territorios o espacios sociales en los cuales y dada su particular configuración geopolítica y social, alrededor de asuntos o problemáticas locales o regionales se convierten en campos de mayor riesgo para el ejercicio de las libertades sexuales y de los derechos sexuales y reproductivos y de la salud sexual y reproductiva.  Los actores sociales y políticos en interacciones complejas dan lugar a transformaciones culturales y dinámicas sociodemográficas y familiares que incluyen la sexualidad y la reproducción.

 

En estos territorios se viven situaciones sociales especiales, procesos, tensiones o conflictos políticos que también pueden estar vinculados a  fenómenos de movilidad humana, que introducen cambios o dinámicas sociales o políticas importantes en las formas de relación familiar y en las formas cotidianas de vivencia de la sexualidad y del ejercicio de derechos sexuales y reproductivos, por ejemplo:

 

Poblaciones residentes en zonas afectadas por catástrofes naturales o sociales (terremotos, inundaciones, maremotos) que deben vivir procesos de desplazamiento estructurados o no y emprender procesos de reconstrucción física y social de sus territorios o hábitat y residir en alojamientos o refugios temporales por determinados períodos. La pérdida de la “habitación propia” expone a una vivencia de la sexualidad en la “intemperie” a convivir forzosamente con otros grupos familiares en condiciones de hacinamiento crítico y cohecho.

 

Las pérdidas materiales y humanas resultantes de las catástrofes colocan en una mayor condición de fragilidad psicosocial a los grupos más vulnerables. Estas poblaciones son afectadas por vivencias críticas  de sus derechos sexuales y reproductivos y de su salud sexual y reproductiva en especial el embarazo no deseado, mortalidad materna, violaciones, prostitución infantil.

 

Poblaciones desplazadas por conflictos armados, que deben bien migrar a nuevos territorios o vivir en condiciones de tensión socio-política y riesgo económico se ven enfrentadas a la ruptura de sus identidades más fundantes vínculos territoriales, societales familiares y vecinales, pérdidas de bienes, seguridad alimentaria, entre otros. Estos grupos deben adaptarse y construir nuevas vidas y lazos. Arrancadas de sus regiones se encuentras con comunidades receptoras no siempre acogedoras y deben enfrentar nuevos riesgos en las vivencias de la afectividad y la sexualidad, generalmente hostilizadas por diversos actores armados.

 

Poblaciones en zonas de conflicto armado o zonas en disputa territorial o controladas por actores armados, en donde el estado no ofrece igual protección a todos/as los ciudadanos y en dónde las mujeres son particularmente vulnerables.

 

Hombres, adolescentes y niñas/os son víctimas de reclutamiento forzoso por los diversos actores armados, privan a sus madres, esposas  y familias de su presencia y de su apoyo. Much@s jóvenes ingresan a los diferentes grupos armados buscando reconocimiento o estatus social, el ejercicio del poder de las armas o huyendo de situaciones familiares de pobreza, falta de opciones  y violencia intrafamiliar. La esclavitud sexual suele afectar a las jóvenes y a las niñas en las áreas de conflicto.

 

Numerosas adolescentes son presionadas a prestar servicios sexuales a los combatientes o se ven presionadas y chantajeadas a acceder a demandas sexuales en busca de protección, seguridad para sus vidas y la de sus familias, alimentos, vivienda y ropa. Muchos actores armados demandan niñas jóvenes para su uso. La autodeterminación sexual y reproductiva en zonas de conflicto es seriamente amenazada.

 

Algunos grupos suelen ejercer funciones de control moral acerca de las actividades de mujeres y muchacha: controlar sus relaciones afectivas y sexuales, el uso de su cuerpo, sus vestimentas y prácticas sociales de recreación. Las muchachas padecen restricciones severas al ejercicio de su libertad de movilización y de expresión. En la convivencia forzada, en albergues y refugios, que sigue al desplazamiento, las mujeres y las niñas son particularmente vulnerables a la violencia sexual y suele precipitar situaciones de violencia intrafamiliar y sexual.

 

Los crímenes sexuales contra las mujeres y las niñas cumplen varios propósitos, además de los sexuales: humillar a las mujeres, ofender las familias y grupos a los cuales pertenecen o con los cuales se identifican.

 

También buscan exhibir ante los grupos diferentes al de las ofendidas la capacidad de daño y de terror que se es capaz de provocar, ejemplarizar para generar miedo; exhibir poder, humillar a los hombres de los grupos contradictores. Las mujeres y las niñ@as son usadas como armas de guerra.

 

 

Poblaciones en territorios de cultivos y tráficos ilícitos, En estos territorios existe la movilidad poblacional y el flujo de circulante al calor del enriquecimiento de los diferentes actores armados y prácticas delincuenciales. Se incrementa el comercio sexual, las uniones sucesivas y grupos de mujeres jóvenes ven allí una opción de hacerse a un compañero sexual, un hijo y una forma de vida.

 

Se constituyen parejas temporales para prestar servicios sexuales a los recolectores o cosecheros, que también son temporales, las mujeres suelen sufrir abandonos y quedarse con nuevos hijos sin referente paterno.

 

En estos territorios se afirma la visión del hombre guerrero y proveedor y de la mujer dependiente y reproductora riesgos de vulneración de los derechos sexuales y reproductivos se incrementan: las violaciones como arma de guerra, los embarazos forzados, la prostitución forzada, Los actores armados con frecuencia cometen crímenes sexuales de guerra contra las mujeres de los grupos contrarios violaciones, abusos, esterilizaciones y aborto forzado, esclavitud sexual y doméstica. La sexualidad es un arma, un instrumento de control y  de ejercicio de poder.

 

Poblaciones privadas de la libertad sufren prohibiciones de ejercicio de la sexualidad, se ven privadas del derecho a la intimidad, por las particulares relaciones de poder en estos espacios pueden ser sometidas a prácticas sexuales sin su consentimiento, además el acceso a servicios de información y de salud son mas restringidos  que en poblaciones no recluidas

 

Enclaves turísticos que favorecen la explotación sexual comercial y amenazas a la seguridad e integridad por la dificultad de negociar sexo seguro. Algunos paquetes turísticos incorporan de manera sutil el comercio sexual y las jóvenes y muchachos de estos territorios son presas fáciles de comerciantes inescrupulosos, además  de que muchas veces es la única opción laboral disponible o  la forma de ganar algunos recursos adicionales.

 

Poblaciones residentes en zonas de ejecución de megaproyectos de infraestructura y obras civiles, construcción de puertos, carreteras, plataformas petroleras, refinerías, que implican desplazamientos de población y movilidad de mano de mano de obra importante, cientos de mujeres sirven sexualmente a estos trabajadores, también se convierten en parejas sexuales temporales, al posterior abandono y a la crianza en soledad. Mujeres y jóvenes se convierten en servidoras sexuales al servicio de mano de obra de contrato y siguen a los campamentos.

 

 

La dimensión global o macro.

 

Se refiere a aquellos procesos o tendencias de carácter mundial, que trascienden el ejercicio de las libertades individuales y las prácticas o conductas individuales de protección o de riesgo que en la vida privada o íntima asumen las personas en el ejercicio de la sexualidad. Pensemos solamente en el fenómeno de las migraciones internacionales e internas, los viajes y el turismo global que circula con nuevas simbolizaciones culturales sobre las mujeres y la sexualidad.

 

Mora Luis en su artículo sobre “las fronteras de la vulnerabilidad; género migración y derechos sexuales y reproductivos habla de manera sugestiva acerca de “las diferentes geografías genéricas del poder” en donde la vulnerabilidad es entendida como la parte del riesgo vinculada mas con estructuras sociales que con conductas individuales. 1

 

Se trata de la configuración de complejas  redes de relaciones y de territorios geopolíticos que por su especial  movilidad poblacional inciden de manera global en la vivencia de la sexualidad y la reproducción generando situaciones de mayor riesgo de victimización que entrañan costos diferenciales para hombres y mujeres y por otra parte contribuyen a la definición de nuevas identidades que son pensadas como nuevas geografías y geopolíticas de la identidad. 2

 

Algunos ejemplos de la dimensión macro son entre otros:

 

La globalización de una estética corporal que propone la uniformidad de usos del cuerpo,  modas, poses y que difunde un cuerpo eternamente joven de clase media y alta y la ideación sobre el eterno presente aun a costa de cirugías, dietas y consumos lesivos para la salud. La fanatización de lo juvenil se acompaña de la vanalización de la sexualidad,  la exaltación de las sensaciones y el menosprecio de los sentimientos; elementos polémicos por decir lo menos. [1]

 

Este relato se extiende a través de las revistas de moda internacional y magazines de las farándulas, es el cuerpo gimnástico, elástico, fresco, trasgresor cuerpos para mostrar, cuerpos provocadores sexualizados. Cuerpo sometido a las nuevas tecnologías que penetran en su materialidad, lo moldean y lo disciplinan.   Con el estímulo de las trasnacionales del mercado de los cuerpos (cosméticas y farmacéuticas) que proponen todo tipo de intervenciones que con frecuencia constituyen un riesgo para la vida y la salud y alientan el sueño de la belleza y la juventud.

 

Sin embargo al ser el cuerpo, sustrato de la subjetividad, constituyen una aspiración de millones de mujeres y hombres que ven en esta propuesta la realización de la autoestima, el autocuidado y el mejoramiento del autoconcepto y la percepción del si mismas como sujetos y  la ganancia del reconocimiento del otro como sujeto de deseo parte innegable de la construcción de la identidad y es que el cuerpo es un escenario de tensiones, de continuidades y discontinuidades.

 

La quimera de un cuerpo eternamente joven que nos hace olvidar que esta carne es el espacio de la incertidumbre, el recinto de la mortalidad  que nos recuerda de manera permanente nuestra  perennidad.

 

Esta estética globalizada es impulsada por las trasnacionales cosméticas, la industria farmacéutica y profesionales de la escultura corporal, las trasnacionales de la belleza sustentada en una globalización de valores afines. Esta globalización sugiere nuevas preguntas globales a los derechos sexuales y reproductivos toda vez que se acompaña de la mercantilización de las más diversas relaciones sociales incluida la sexualidad. No basta aquí la intervención en el plano del riesgo individual o la resistencia individual a los modelos globales de belleza.

 

Las redes de comunicación. Otra dinámica global que es necesario interrogar son las nuevas formas de comunicación e intercambio de información, imágenes a través de las redes que facilitan el tráfico de material pornográfico, el comercio sexual de niños y niñas cada vez mas difícil de identificar y controlar. Asi mismo sirven al tráfico de esposas para servidumbres domésticas y laborales en lugares lejanos a los de origen en condiciones de subordinación lingüística y cultural.

 

Población migrante, expulsada por razones económicas, o para escapar a relaciones violentas y de la pobreza, en este grupo, en especial las mujeres jóvenes son susceptibles de ser traficadas, muchas veces con la única opción de una inserción laboral vía  prostitución y la minusvalía que suele acompañar a situaciones de carencia de lengua, relaciones  sociales precarias. La sexualidad puede ser significada como herramienta de trabajo o estrategia de sobre vivencia.

 

El tráfico de personas,[2] que aqueja al mundo entero, es el mercado delictivo de mayor crecimiento en los últimos años y adopta formas de esclavitud y servidumbre incluidas la sexual, entre las formas del tráfico se encuentran: comercio sexual, turismo sexual, matrimonios por encargo con extranjeros y el servicio doméstico. Representa un mercado muy lucrativo y con bajo riesgo.

 

El tráfico de personas está inscrito en las dinámicas migratorias tanto al interior del país como hacia al exterior. Vulnera el principio de libertad y de dignidad cuando no se realiza voluntariamente y en condiciones dignas para las/os migrantes. Afecta a las comunidades receptoras o de destino, a los países de tránsito y a los países expulsores o de origen.

 

Detrás del tráfico se encuentran organizaciones delictivas que utilizan el engaño, la coacción, la oferta del futuro. Mujeres para exportación del Valle del Cauca, eje cafetero, Antioquia y Cundinamarca. Cómo descifrar las formas modernas de reclutamiento si detrás de ella están las ofertas laborales de enganche como niñeras, modelos, cantantes, bailarinas, camareras, empleadas domésticas, amas de llaves que no han sido encontradas en el país de origen?  La oferta de futuro es una trampa que esconde un círculo de servidumbre por deudas, amenazas, prostitución forzada.

 

En todos estos casos suelen vivirse situaciones de profundo dolor y sufrimiento humano, pérdidas o fracturas de vínculos sociales y familiares siendo la población femenina más susceptible de sufrir personal y socialmente situaciones en donde existen mayores riesgos de victimización que podríamos construir verdaderas crisis de salud sexual y reproductiva y derechos sexuales y reproductivos.

 

La experiencia femenina en estos eventos, es una experiencia personal y social, si consideramos que son cientos de muchachas,  niñas y niños comprometidas en estas complejas realidades y es sin lugar a dudas una experiencia cuyos móviles y preocupaciones difieren de los móviles y preocupaciones masculinos.

 

Necesitamos develar las articulaciones entre estos procesos globales y territoriales el ejercicio de los Derechos sexuales y reproductivos en lo personal y empezar con firmeza a descubrir que es necesario pensar la sexualidad y la vivencia diferencial para las mujeres como asuntos sociales que no escapan a los procesos globales.

 

Es preciso el develamiento de estructuras macro, dinámicas o procesos globales que actúan favoreciendo la mayor vulnerabilidad de grupos humanos, en especial las mujeres, las jóvenes y las niñas en torno a la salud sexual y a la realización de los derechos sexuales.

 

* Consultora del UNFPA en Colombia.



1 Sarmiento Anzola Libardo. Vendimia, Bio política y socialismo. Ediciones desde abajo. 2002. Colombia.

1 Mora Luis. Las fronteras de la vulnerabilidad: Género, migración y derechos sexuales y reproductivos. Especialista en género. Equipo de apoyo técnico. UNPFA, Oficina para América Latina y el Caribe. México. 2002.

2 Hernández Guevara Nohema, Dimensiones político-culturales de la globalización: paradojas y desafíos para el avance en la equidad de género. En Otras palabras. Grupo Mujer y Sociedad.

 

[1] Savater Fernando. El valor de educar. Editorial Ariel. Barcelona. 1997.

[2] Comercio de seres humanos ya sean hombres o mujeres, niños o niñas.

Asegurando el acceso a los suministros

etnologia 20/09/2008 @ 04:52

CHOIKE


Fuente: RSMLAC
La necesidad de los suministros en salud reproductiva es urgente. Ante la crisis de financiamiento que impide satisfacer la demanda de mujeres y hombres, y ante las resistencias ideológicas de ciertos sectores de proveer atención en salud sexual y reproductiva a sectores específicos, por ejemplo la población adolescente, se han gestado alianzas de organizaciones internacionales y nacionales que trabajan en el área. (PDF). Agosto 2007.[ampliar]

La denominación "derechos reproductivos" tiene un origen reciente: fue adoptada en la Reunión Internacional sobre Mujeres y Salud en Amsterdam (1984). Se podría tomar este hecho como el comienzo de una larga marcha del movimiento de mujeres a nivel mundial para ampliar los alcances del concepto de derechos humanos.

Casi una década después, en 1993 en, en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos que se realizó en Viena, los Estados aceptaron considerar como una violación a los derechos humanos a toda violación de los derechos específicos de las mujeres. La iniciativa y participación de las mujeres en esta Conferencia produjo un cambio trascendental en la teoría de los derechos humanos, pues se estableció que los derechos humanos pueden disfrutarse tanto en lo público como en lo privado y por lo tanto, pueden violarse en ambos ámbitos. Allí se definió que los derechos humanos son universales, interdependientes e indivisibles.

En varias instancias internacionales, luego de Viena, las mujeres participaron aportando sus investigaciones, propuestas y reclamos, con el objetivo de afirmar y desarrollar lo ya conquistado: en 1994 en El Cairo, en 1995 en Beijing, además de participar en redes regionales e internacionales, foros de ONG, etc.

En este proceso se ha ido revisando y ampliando el concepto de derechos humanos. Su agenda había estado limitada a los abusos del Estado, desconociendo otros ámbitos. Por lo tanto se pone en discusión la ampliación y redefinición del contrato social, contrato en el que históricamente las mujeres no estuvieron presentes, ni en sus definiciones ni en su condición de sujetos políticos. La diferencia fue siempre interpretada como carencia y su resultado fue la desigualdad, una desigualdad que requería tutela.

Ha sido y es un camino de progreso, pero también de tensiones. En el Tercer Período Extraordinario de Sesiones de la Asamblea General, conocido como “La Mujer en el año 2000: Igualdad, Desarrollo y Paz en el Siglo XXI”, se hizo el balance de la implementación de las recomendaciones de la Plataforma de Acción de Beijing (PAM o Beijing + 5). Allí hubo tensiones, pues grupos conservadores intentaron impedir la adopción de un documento final.

A pesar de las dificultades, Beijing + 5 cerró un ciclo intenso de legitimación y visibilidad del debate sobre aborto inseguro en el plano global. A partir de allí las tensiones se expresarán básicamente en los planos nacionales. Las instancias internacionales comprometen a los Estados que las suscriben, pero esto no es suficiente. Las naciones deben aprobar la normativa necesaria para habilitar el cumplimiento de los compromisos asumidos, los que aún no son respetados en gran parte de los países firmantes.

En estos momentos hay nuevas circunstancias políticas globales que inciden en el debate sobre salud reproductiva e interrupción del embarazo. El Congreso norteamericano ha hecho esfuerzos para incluir una cláusula de condicionalidad en relación a los recursos de cooperación para el desarrollo, que apunta a impedir el acceso a esos recursos a organizaciones relacionadas de alguna forma con la interrupción del embarazo. Los financiamientos de USAID están limitados por esa condicionalidad, lo que tiene efectos políticos regresivos dentro de los países receptores de fondos de esa agencia. A esta presión se suman grupos antiaborto y sectores conservadores de algunas iglesias, lo que pone sobre el tapete el debate sobre laicidad y democracia y la necesidad de revaluar la relación entre la religión y el Estado.

Es relevante, en este contexto, el Proyecto de Ley de Defensa de la Salud Reproductiva de Uruguay, que ya tiene media sanción parlamentaria. Su importancia radica en la forma integral que encara la salud reproductiva y por la discusión que promueve a nivel regional en las circunstancias políticas antes mencionadas.

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